Rajoy se modera
Categorías (General) por Carlos Sosa on 30-03-2009
Que Mariano Rajoy haya calificado a Felipe González de “buen presidente”, a pesar de no saber inglés, es un gesto elocuente del cambio de registro que ha empezado a aplicar el presidente del PP para retomar su inacabable odisea hacia el centro. En el programa de TVE Tengo una pregunta para usted de este lunes, Rajoy presentó su cara más amable, la de la máxima colaboración con el Gobierno en asuntos como la crisis económica o la lucha antiterrorista o la de la tolerancia, dentro de un orden, hacia el inmigrante.
Embutido en un traje que desde luego no le cortó el mismo sastre de Francisco Camps, Rajoy tuvo momentos de mucha seguridad y otros en los que hubiera pagado por un minuto de respiro. Fue sólido al hablar de que el desempleo es su prioridad, de que los autónomos también son su prioridad, de que el agua de los ríos es un bien de todos los españoles, incluidos -ya metidos en trasvases- los canarios. Y fue esquivo e inseguro en asuntos como la investigación con células madre o la solución para los menores inmigrantes que se encuentran acogidos en Canarias.
Fue edificante escuchar de boca del líder del PP su respaldo a la sentencia sobre los atentados del 11-M, aunque se atreviera a afirmar que sólo durante día y medio respaldó las tesis de que habían sido obra de ETA. En realidad estuvo cuatro años animando esa teoría, pero ahora le viene bien decir lo contrario.
Resbaló estrepitosamente en la defensa de su partido y sus dirigentes, a los que parece dispuesto a perdonarles todo, desde el espionaje de la Comunidad de Madrid, hasta la cada vez más deplorable gestión del accidente del Yak 42, pasando, claro, por los asuntos de corrupción, incluyendo la penosa táctica de taparla con alambicadas acusaciones a los que descubren a los chorizos con las manos en la masa.
La pregunta más votada por los telespectadores fue precisamente la referida a la necesidad de que el PP abra sus ventanas y ventile la corrupción. Rajoy prefirió volver a hablar del honor de los que sufren investigaciones y luego no resultan condenados antes que explicar qué pasa con tantos casos de corrupción en el seno de su partido. Pronunció una frase que suena a hueca a la vista de su traslación a casos prácticos: deben abandonar la política los que protagonizan “comportamientos inaceptables”, pero mantiene en plenitud de militancia y de representatividad institucional a decenas de altos cargos que desde luego no pueden presumir de intachables.
El líder de la oposición no causó mala imagen, salvó el trance con buena nota, pero sigue sin transmitir seguridad y confianza, además de evidenciar una clamorosa falta de soluciones ante la supuesta inoperancia del Gobierno Zapatero. Un candidato a presidir España no sólo debe quedar bien en un programa de televisión, pero si a pecho descubierto es incapaz de entusiasmar, el resto se torna tarea titánica.

