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06 junio, 2012

La enmienda Tinguaro

Sergio Tinguaro, repartiendo panfletos a las puertas de un acto del PSOE en Las Palmas de Gran Canaria.
Sergio Tinguaro, repartiendo panfletos
a las puertas de un acto del PSOE en
Las Palmas de Gran Canaria.
Ocurrió en el recientísimo y jubiloso XIII Congreso Regional del PP canario, celebrado en Santa Cruz de Tenerife. Un inquieto y siempre participativo presidente regional de las Nuevas Generaciones, Sergio Tinguaro Falcón, se convertía en inesperado portador de una bomba política de notables consecuencias.

En su afán por aportar transparencia y apariencia de buen gobierno al partido, al bueno de Falcón no se le ocurrió cosa mejor que introducir en la ponencia de estatutos una enmienda muy encomiable: que se impidiera a los afiliados del Partido Popular simultanear más de un cargo. Era, junto a otros esfuerzos de regeneración aportados en este congreso, un guiño claro a la sociedad y, de paso, de apetecible consumo interno, porque cuanto más haya para repartir, más habrá agraciados. Incluido Sergio Tinguaro, que está esperando con el que hay de lo mío desde 2010.


La enmienda Tinguaro fue aprobada en la ponencia de Estatutos y enviada tal cual al plenario del congreso en aplicación del reglamento, que obliga a que una modificación a la ponencia marco sea refrendada por todos los compromisarios presentes. Y en un plenario, vaya usted a saber qué cosas puede pasar con tanto rebaño correteando libre por la pradera.

Así que se desató el pánico y empezaron a echar humo algunos teléfonos de propietarios y propietarias muy destacados. Porque la enmienda Tinguaro supondría, así a bote pronto, al menos siete dimisiones parciales en el PP canario, empezando por la de José Manuel Soria, que no podría acumular a su condición de presidente regional al menos uno de sus dos cargos públicos, el de ministro y el de diputado nacional por la provincia de Las Palmas. Pero lo mismo le pasaría a Cristina Tavío (diputada regional y concejala en Santa Cruz de Tenerife), Pablo Matos (diputado nacional y concejal de la misma ciudad), Antonio Alarcó (senador y consejero del Cabildo de Tenerife), Pedro Suárez (consejero en el Cabildo de Tenerife y concejal en La Laguna) y los inigualables alcaldes y consejeros del Cabildo de Gran Canaria Lucas Bravo de Laguna (Santa Brígida) y Francisco González (Mogán).

Una conmoción, como podrán imaginarse.

Poco tardaron las almas cándidas en dirigirse con mucha delicadeza a Sergio Tinguaro Falcón para que, porfa, porfa, retirara la enmienda, cosa que hizo de manera natural y muy digna el presidente de las juventudes populares canarias, que se comportó con la disciplina exigible para un momento tan dramático. Queda a la espera de alguna vacante que haga rentable de alguna manera la ya famosa enmienda Tinguaro.


Alarcó y Suárez eligen bien



Dos de los afectados por la enmienda Tinguaro, de haber prosperado en el Congreso Regional del PP, son los dirigentes tinerfeños Antonio Alarcó y Pedro Suárez. Ambos son consejeros del Cabildo de Tenerife pero sujetos a diferentes consideraciones salariales. Alarcó, por empezar por el de más alto rango, es senador del Reino y portavoz popular en la institución insular. Casualmente esta misma semana ha tenido que optar entre cobrar la dedicación exclusiva del Cabildo o abrazarse a la de la Cámara Alta, y ha optado por esta última. La razón es puramente romántica. Verán. El Cabildo, en un rapto de generosidad, acaba de equiparar el sueldo del portavoz del principal partido de la oposición al de jefe de servicio de la institución, lo que imposibilitaría a Alarcó, de aceptar, cobrar las dietas correspondientes por asistencia a comisiones y pleno. Pero eligiendo el sueldo de senador, esos pagos son compatibles, lo que se convierte en un suculento complemento al salario y a las ventajosas dietas del Senado.


Pedro Suárez vuelve a MAC



Otro que ha optado dinerariamente este mismo martes ha sido el portavoz del PP en el Ayuntamiento de La Laguna, Pedro Suárez López de Vergara, presidente hace tiempo caducado de la gestora del partido en esa ciudad y firme candidato, según los mentideros populares, a convertirse en secretario general en Tenerife como número dos del virtual presidente Manuel Domínguez.


Suárez López de Vergara es un personaje singular que ha estado en misa y repicando, que ha sido monaguillo, monje y fraile, pero siempre asido como ha podido a un sueldo público o semipúblico desde que entró en política, allá por los finales de los años noventa. Efectivamente, en uno de esos gobiernos del PP fijos discontinuos con Coalición Canaria, Suárez López de Vergara ocupó la plaza de director general de Comercio, justo cuando se implantaban en esta ultraperiférica patria las grandes superficies y sus secuelas.


Algo pasó que le retiraron su confianza, lo que le condujo poco después a atracar en el siempre resguardado refugio pesquero de CC, donde lo colocaron como ejecutivo en la Mutua Regional de Accidentes, otro de los arcanos oscuros de la historia de la nacionalidad.




Debía aburrirse el señor Suárez en aquella MAC de Norberto Cejas, así que tras las correspondientes carantoñas y unos cuantos chistes especialidad de la casa, Suárez López de Vergara regresa al PP de la mano de Cristina Tavío, que consigue para él en 2007 un puesto de salida en el Cabildo de Tenerife, con el correspondiente salario por dedicación exclusiva en el grupo de gobierno.

Pero llegó la cruda oposición en mayo de 2011, y gracias a la reconocida generosidad del alcalde de La Laguna, el líder del PP en la oposición fue premiado con un sueldo digno. Digno pero, al parecer, insuficiente. De ahí que el portavoz, presidente de gestora y sherpa de Antonio Alarcó en su Lexus, haya optado por la fórmula dame dietas y quédate con todo lo demás: renuncia  a la dedicación exclusiva en el Ayuntamiento lagunero, pide la reincorporación a su plaza en la Mutua de Accidentes de Canarias y presenta su escrito para que le ingresen en su cuenta corriente las dietas del consistorio y del Cabildo de Tenerife. La suma puede ser muy jugosa.

Tanto ajetreo, sin embargo, conducirá a que termine dedicando menos tiempo a sus tareas municipales, lo que ya le ha colocado en las encuestas con un grado de conocimiento lagunero del 20%.


Orts se desentiende; interviene Mena



Les decíamos el otro día que algo olía a podrido en Telde, y perdonen por el recurso shakesperiano. Finalmente se han confirmado los peores presagios y el grupo de gobierno ha metido de rondón en el plan de ajustes y de pagos a proveedores los 13,2 millones que el Ayuntamiento debía al empresario Ambrosio Jiménez por esa cabeza loca que tuvo Guillermo Reyes en aquel aciago periodo de 2003 a 2007.

Pese a las rigideces del Real Decreto 4/2012, que limitaba los pagos municipales solamente a proveedores de bienes y servicios, el grupo de gobierno metió esa cuantiosa deuda para poder ejecutar una sentencia que les obligaba y que podía conducirles a responsabilidades personales. Pero, ¿cómo lo hicieron? Muy sencillo, le pidieron al interventor, el siempre dúctil y maleable Enrique Orts, uno de los principales encartados en la operación Faycan, que abriera al máximo la autopista para que por uno de sus carriles pudiera transcurrir tremendo marronazo.

Pero Orts, en un gesto que sus mentores no se esperaban, se sacudió la responsabilidad de encima y reclamó un informe jurídico y urbanístico que justificara colar esa factura en medio de las demás. No hay problema, debieron pensar la alcaldesa, Mari Carmen Castellano (encartada en la operación Faycán) y su lugarteniente Guillermo Reyes (operación Doramas), le encargamos el informe al jefe de los servicios de Urbanismo y santas pascuas. El jefe de Urbanismo es, como ustedes saben, José Luis Mena (operación Faycan, operación Doramas, Operación Grupo Europa…) y su informe bendijo con reales honores de ordenanza el pago de los 13,2 millones.

El recurso contra este escándalo ya está redactándose en un exitoso despacho de abogados.

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