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03 junio, 2012

Frases lapidarias que pesan tal cual

Ana Oramas.
Ana Oramas.
1) Ana Oramas lo recordó el jueves en el Congreso de los Diputados. Y muchos se escandalizaron pensando que la diputada tinerfeña estaba ejerciendo de oportunista. “Montoro me dijo ‘que caiga España, que ya la levantaremos nosotros”. Era el año de 2010, cuando Rodríguez Zapatero trataba desesperadamente de evitar que España fuera rescatada, para lo cual, consciente de lo que hacía, firmó su acta de defunción política y la ruptura del PSOE con una gran parte de sus bases electorales y sociológicas. “Que caiga España, que ya la salvaremos nosotros”, le decía entonces Montoro a Ana Oramas para intentar que con su abstención no prosperaran las medidas del Gobierno y, de ese modo, el país entrara en la senda de Irlanda, Portugal y Grecia.

Eran los momentos en los que el PP, lejos de arrimar el hombro como exige ahora al PSOE, ponía palos en las ruedas y reclamaba un adelanto electoral que finalmente consiguió un año después para salvarnos como nos están salvando. “Que ya la salvaremos nosotros”, decía el hoy ministro Cristóbal Montoro a una asombrada Ana Oramas, que lo contó no con mucho éxito de resonancia en las tertulias en las que participaba y en algún que otro medio de comunicación.

Pero el ambiente no era el propicio para denunciar las trapacerías del PP, que con tal de tomar el poder era capaz de cualquier argucia, aun poniendo en peligro la economía, el estado del Bienestar, la deuda soberana y eso que tanto les preocupa ahora, la imagen de España.

2) A que nos rescatan en septiembre. Corría septiembre de 2010 y el hoy ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, pronosticaba en su blog un inminente rescate de España por parte de las autoridades monetarias europeas, dada la deriva por la que nos había conducido el Gobierno socialista. Soria y todos sus adláteres dibujaban un panorama apocalíptico por aquellas medidas de Zapatero de mayo de 2010, tomadas de manera dramática tras conocer un ultimátum de Bruselas que le heló la sangre.

El olfato analítico de Soria le llevó a considerar que la situación de la deuda soberana, con una prima de riesgo en más de 300 puntos básicos, con el déficit público desbocado (mayormente por las autonomías gobernadas por el PP), con el paro rozando ya los cinco millones de personas, eran el caldo de cultivo propicio para un rescate por parte de la Unión Europea. Pero, desgraciadamente para los cálculos fatalistas y corrosivos de Soria y del PP, Zapatero se marchó sin que se cumplieran aquellos fatídicos pronósticos.

Pero, eso sí, el ex presidente adoptó, contra su ideología y los intereses del PSOE, todas las medidas que le exigieron desde Bruselas.

3) En cuanto gobernemos regresará la confianza. En aquellos meses aciagos del final del mandato socialista, los más acendrados comentaristas del PP criticaban con dureza las medidas adoptadas por Zapatero, medidas que a su juicio iban a ocasionar más paro y más devastación, como la subida del IVA, la rebaja del sueldo a los trabajadores públicos o la congelación de las pensiones.

Dos años después, aquellas frases lapidarias también pesan como eso, como gravosas lápidas sobre la credibilidad de quienes las pronunciaban. Pero al PP se le permitía todo, se le permitía decir de todo, reclamar el adelanto electoral proclamándose los salvadores de la patria, los hacedores del milagro de la confianza solamente con su ascenso al poder.

Deja caer a España, "que ya la salvaremos nosotros". Porque, por desgracia para España, salvadores de la patria hemos tenido ya unos cuantos, y no todos de amable recuerdo. Siendo presidente Calvo Sotelo, allá por 1981, un patriota como el general Díez de Mendívil proclamaba desde las páginas de El Alcazar que había que salvar a España de tanto libertinaje. Pocos días después entraba Tejero en el Congreso de los Diputados. Era un atajo, ciertamente antidemocrático. Pero un atajo al fin y al cabo.

Tuit de Soria del 26 de enero sobre el carbón.
Tuit de Soria del 26 de enero
sobre el carbón.

4) Salvar al carbón. Más cerca de nuestros frenéticos tiempos, el 26 de enero de 2012, el otro día, el ministro de Industria proclamaba que el Gobierno no iba a dejar tirado al sector de la minería. “El carbón seguirá siendo parte de nuestro mix [energético]”, garantizaba Soria desde su cuenta en Twitter, de donde, por cierto, ha desaparecido su promesa de que no se tocarían las subvenciones a las cuencas mineras, cosa que ha terminado por pasar.

La verdad es otra bien distinta, como atestiguan los mineros encerrados en minas asturianas o los que la semana pasada se plantaron en Madrid para protestar por las promesas incumplidas, por los anuncios fantasmas. Unas protestas que se han saldado como las de Lanzarote, con la imputación de cargos a uno de los manifestantes.

Era el único sector que le faltaba al ministro canario por rebelarse, una vez lo han hecho sucesivamente las empresas de las renovables, las eléctricas, los empresarios turísticos canarios, la presidenta argentina… Y el Gobierno de Canarias en todas sus acepciones. Ah, no, espera, hay alguien encantado con el ministro Soria, el tal Antonio Brufau, presidente de Repsol. A ver si se nos iba a olvidar el compadreo.

Un homenaje a José Antonio Martín

No pretendemos ser más sabios que Eligio Hernández, ese gran hombre que el socialismo canario no valora en su justa medida. No pretendemos darle clases de moral, ni mucho menos de pensamiento progresista; ni de nobleza, esa que se mama en la lucha canaria; ni nos atrevemos a poner en tela de juicio su basta formación jurídica, ni su experiencia política al frente de la Delegación del Gobierno o la Fiscalía General del Estado. ¡Estaría bueno!

Pero sí nos atrevemos con la opinión libre, y en nuestra libre opinión se retrata perfectamente quien promueve a las más altas cotas del reconocimiento social a quien traicionó gravemente su juramento como como juez, como es el caso del ex presidente de la Audiencia Provincial de Las Palmas José Antonio Martín: “Juro guardar y hacer guardar fielmente y en todo tiempo la Constitución y el resto del Ordenamiento Jurídico, lealtad a la Corona, administrar recta e imparcial justicia y cumplir mis deberes judiciales frente a todos”.

No es baladí la referencia a “en todo tiempo”, lo que significa que cuando al magistrado lo iban a buscar a su casa para pedirle consejo para el narcotraficante en prisión preventiva o lo invitaban a cenar en Tafira con el hermano del delincuente, también se debía a sus obligaciones como juez.

Aunque les pueda parecer pintoresco, Eligio Hernández anda estos días afanado en los preparativos de un homenaje público con almuerzo, copa y puro, en el que se tribute público reconocimiento a la figura del que fuera expulsado de la carrera judicial, procesado y absuelto, a través de esas puertas traseras que tiene la justicia, por haber asesorado a un importante narcotraficante cuya situación personal estaba en sus manos.

Un comportamiento que la justicia ha decidido que no tiene por qué tener castigo, bien por errónea tramitación de los cargos con los que fue presentado a juicio, o bien por una alambicada interpretación de la figura de la prescripción del expediente administrativo de expulsión al que fue sometido.

Pero nunca, nunca, nunca, las resoluciones judiciales que han librado a Martín de una condena o de una expulsión ejemplar han tenido que ver con la inexistencia de los hechos. Es decir, que ha quedado probado, acreditado y bendecido que asesoró a un narcotraficante para que pudiera acceder a una libertad provisional que estaba precisamente en sus manos como presidente de la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Las Palmas. Nadie le ha pedido a Eligio Hernández que proceda a borrar a José Antonio Martín de su lista de amistades de acrisolados comportamientos morales, pero de ahí a que pretenda hacerle un homenaje público con la excusa de su jubilación va un trecho verdaderamente insalvable. Pero ya se sabe, ese es Eligio. Que dicen que es progresista y muy de Negrín.

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