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18 junio, 2012

Congreso de fin de ciclo

Paulino Rivero y José Miguel Barragán, durante el V Congreso Nacional de CC.
Paulino Rivero y José Miguel Barragán,
durante el V Congreso Nacional de CC.
Seguramente muy a sabiendas de lo que se trae entre manos, Coalición Canaria formalizó este fin de semana en su quinto Congreso Nacional el fin de un ciclo y la apertura de no se sabe muy bien qué. El resultado era el que, más o menos, cabía esperar: Paulino Rivero se erige en presidente y trata de fortalecerse dentro y fuera de la organización para tener la fiesta en paz desde ahora hasta 2015, si se puede.

Sus oponentes, los que consideran que llega el momento de producir un cambio profundo, han conseguido su propósito primitivo de mostrar su poderío y de dar algunas señales a los adversarios, al tiempo que velan sus armas para los próximos encuentros entre los queridísimos compañeros y compañeras, el primero antes de que termine este mes, el congreso insular de Tenerife. Volarán los puñales.

Vayamos por partes, porque este congreso de Coalición Canaria ha tenido muchas partes, y muy pocas de ellas han confluido, como hasta ahora ocurría, en una sola que ante la sociedad canaria presentara al partido sin apenas fisuras, con una estructura casi monolítica salvando las escaramuzas territoriales de siempre.

Porque para entender este fin de ciclo es preciso recordar cómo fueron los comienzos: Coalición Canaria nació como resultado de una operación puramente aritmética, la operación primaria de sumar 31 diputados que realizó un hombre de letras puras y cabeza privilegiada (algunos dicen que retorcida), José Carlos Mauricio. Once fuerzas políticas distintas, producto de la dispersión que ocasionó la voladura de UCD, junto a las primeras calenturas democráticas y las ansiedades de los caciques locales, descubrieron que podían encaramarse al poder y desplazar a los socialistas de Jerónimo Saavedra, con los que algunos de ellos compartían gobierno entonces.

Y sumaron, vaya si sumaron, por las buenas y por las malas, con tortas de matones en un hotel de Madrid y componendas de todo tipo. Pero alcanzaron el poder, y el poder es lo que hasta ahora ha marcado la existencia de Coalición Canaria.

Crisis en ATI

Pero todo poder conduce al desgaste, y todo desgaste conduce a alguna derrota, y la derrota a cierta frustración, y la frustración a la división… Y así hasta tropezarte con que uno de los núcleos fundacionales más incontestables de Coalición Canaria, el de ATI en Tenerife, ha sufrido su mayor crisis desde su fundación allá por la era de los ochenta, ¿se acuerdan? Se desmoronaba la UCD, lo que condujo a que un grupo de próceres y alcaldes se constituyeran en canalizadores del sentimiento tinerfeñista más profundo y, de un manotazo, desactivaran cualquier opción de centro-derecha con vocación de representar a los poderes tradicionales.

ATI se convirtió en el más inteligente aglutinador del insularismo de entonces, de inmediato transformado en nacionalismo canario, segura de controlar a la perfección su feudo territorial, su penetración en la burguesía tinerfeña a través de los alcaldes (los magos los llaman a sus espaldas) y el poder urbano, cada sector con sus respectivos líderes, pero todos a una: Tenerife antes que nada. Hasta que intuyeron que había que dar un giro, y ese giro lo ha encarnado a la perfección un “mago” devenido en regionalista convencido, Paulino Rivero.

Paulino Rivero ha sufrido una amarga victoria este fin de semana en el V Congreso Nacional de Coalición Canaria. Y no de manos de Antonio Castro, incombustible tocador de narices llegado cada momento congresual o de elaboración de listas, cuando entona, del modo meloso que solo un palmero puede ejecutar, el soniquete de “y de lo mío qué”. Cierto que Castro hizo sus escaramuzas en este congreso, con su desplante la noche del sábado cuando vio derrotada su enmienda a la nueva estructura orgánica del partido quejándose de que fuera poco democrático aplicar el reglamento. Casualmente lo que a él le dicen algunas de sus señorías cuando hace lo propio desde su puesto como presidente del Parlamento.

No, la fisura no vino esta vez por La Palma, sino por Tenerife, y no de manos de cualquiera sino de un poderoso grupo de destacados e históricos dirigentes como Ricardo Melchior, Ana Oramas o José Miguel Ruano, o de evidentes valores en alza, como el alcalde de La Laguna, Fernando Clavijo, un indiscutible candidato a suceder a Paulino Rivero cuando alcance su esplendor el nuevo ciclo.

Todos ellos sabían que su candidatura de última hora, fraguada a golpe de reto, tenía un recorrido incierto, pero no se trataba de ganar este congreso sino de plantear batalla, de mostrar la fuerza de que disponen, y eso lo han conseguido. Que fuera José Miguel Ruano quien disputada la presidencia a Paulino Rivero no es baladí: eterno consejero del Gobierno hasta que dejó de ser rentable su entrañable relación con José Manuel Soria, ocupa ahora la presidencia del Grupo Parlamentario Nacionalista Canario, y algunas voces ya dejaban caer este domingo insinuaciones sobre la coherencia de su dimisión en los próximos días.

Ruano no es un oponente cualquiera, del mismo modo que tampoco lo es Marcial Morales, que a diferencia del frustrado candidato a presidente, representa la opción más progresista de CC, y de ahí que lo presentaran como aspirante a secretario general. Si los críticos defendían como principal idea fuerza que no se podían acumular en la dirección del partido otras responsabilidades públicas, Ruano y Morales no eran precisamente inmaculados ejemplos. Pero se trataba de enseñar las garras tinerfeñas, porque en breve habrá congreso insular y convenía llegar a esa cita con la figura de Paulino Rivero evidentemente desgastada. Y si se desgasta la figura de Paulino Rivero, se desgasta la del actual presidente insular, Javier González Ortiz, que lo va a tener verdaderamente duro.

El éxito de Gran Canaria

Pero si hay que buscar un triunfador en este congreso, descartado que lo hayan sido Rivero o sus fraternales oponentes, ese ha sido Fernando Bañolas. O al menos la en apariencia debilitada organización en Gran Canaria que el ex alcalde de Guía preside.

Vencieron sus tesis de la reforma de la estructura de mando del partido, con la implantación de la figura de la secretaría general, depositada en manos de José Miguel Barragán, justo la opción defendida por Bañolas y los suyos. Y venció su opción del tándem Rivero/Barragán, para el que fueron decisivos los 230 votos grancanarios. Los gestos para con Gran Canaria que tanta enemistad han granjeado a Paulino Rivero en ciertos sectores de la prensa tinerfeña y dentro de la mismísima ATI han conseguido recuperar en parte la maltrecha situación de CC en la isla (eso lo van a tener que volver a hablar con Román Rodríguez), no hasta el punto de colocarla en una posición electoral privilegiada, pero sí al menos para pintar algo en la nueva ejecutiva.

Un hombre de futuro, el que puede considerarse homólogo en Gran Canaria de Fernando Clavijo, se ha colocado en el staff a la altura de una vicesecretaría general, la de Coordinación y Estrategia. Se trata del teldense Pablo Rodríguez, que paso a paso se va haciendo un hueco en ese nuevo ciclo que ahora parece abrirse en ese partido.

Coalición Canaria cierra un ciclo y se supone que abre otro. El ejercicio del poder, para el que nació a principios de los noventa, se está tambaleando y sus más inteligentes estrategas aconsejan un cambio de rumbo que le permita sobrevivir en otros escenarios igualmente posibles, como los que se han abierto tras las últimas elecciones generales.

El nerviosismo que ha logrado introducir Soria con sus desestabilizaciones para torpes, la disconformidad de algunos sectores con el pacto con el PSOE, la contestación de cierta prensa al Paulinato y, sobre todo, la debilidad en Tenerife ante el principal adversario ideológico y sociológico, el Partido Popular, van a empezar a tener sus respuestas en las próximas semanas y meses, tanto desde la organización regional como en la conformación del poder que surja en cada una de las islas.

Y Tenerife vuelve, como al principio de los tiempos, a ser la clave.

1 comentario:

  1. Maria la q no quiere al Pp ni a la radio cizañera.19 de junio de 2012, 8:58

    Buenos dias,sobran las palbras, enhorabuena señor Presidente Rivero y el señor Barragán

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