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18 mayo, 2012

Soria, sueltito

Nada como dejarlo suelto, a su libre albedrío, con la soltura que proporciona una mayoría absoluta holgada, a escape libre, con los flancos cubiertos, especialmente por la derecha. José Manuel Soria no sorprendió este jueves en el Congreso de los Diputados a ninguna de sus señorías canarias, ni siquiera a las de su propio partido partido, por lo común acostumbradas todas ellas a sus habituales excesos. Como tampoco sorprendió a los periodistas isleños allí acreditados. A los que dejó verdaderamente boquiabiertos fue a los peninsulares dedicados a una u a otra actividad justo en el momento de defender, con ese ahínco que le caracteriza, el Real Decreto por el que se cambia el modelo de independencia de la Radiotelevisión Pública por uno intervencionista directamente dependiente del Gobierno de turno, o sea, el actual. Tenían referencias del sectarismo de Soria, de sus prontos soberbios y de su irrefrenable autoritarismo, evidenciado de manera palmaria en aquel vídeo de amenaza expresa a Argentina por la expropiación de la filial de Repsol. Pero no lo habían visto en vivo y en directo fluyendo tan naturalmente.

Fue con motivo de la réplica al portavoz socialista en la materia, Juan Luis Gordo, que osó poner en cuestión la calidad democrática del asalto que el PP se dispone a ejecutar en RTVE. Soria no soportó tamaña crítica y se lanzó a degüello asegurando, entre otras cosas, que durante la campaña electoral de Andalucía, en marzo pasado, los informativos de TVE no ofrecieron noticias sobre el escándalo de los ERE ni sobre las comparecencias de los ministros en el Congreso de los Diputados. Dos mentiras en una que agrandan la falsedad. Cualquiera que siga con regularidad los medios públicos estatales puede desmentir al ministro, cosa que las escaletas oficiales y las empresas auditoras privadas pueden hacer con el rigor debido. Los diputados del PP aplaudieron con auténtico fervor la sarta de falacias, aun atragantándose los sabedores del tamaño de la patraña. Pero por si había alguna duda de las verdaderas intenciones del Gobierno con este decreto de intervención de la independencia profesional de RTVE, Soria ya se encargó de disiparla: es que necesitamos un medio propio en el que explicar, por ejemplo, la reforma laboral. Ah, acabáramos, un medio público al servicio propagandístico del Gobierno, ¿no es así? Soria, enredado en sus propias palabras, preso de las mismas acusaciones que en Canarias vierte contra Paulino Rivero por el uso de la televisión autonómicaS.




Soria, en Los Desayunos de TVE.


Lo peor no es la confesión pública de Soria, algo que todos teníamos asumido pero no desde luego con ese grado de desfachatez. Lo realmente grave es que el ministro, el Gobierno y el partido que les apoya se creen con el derecho a hacer lo que van a hacer con RTVE y a presumir de hacerlo para calmar a sus propios cuarteles, donde de manera absurda les acusan de no saber explicar ante la ciudadanía el tremendo estropicio que están propinando a la estructura social española. Creen que el problema no está en la política antisocial que practican, sino en la política de comunicación que les impide hacerla digerible. Soria lo explicó con absoluta naturalidad, como hizo en aquel famoso pleno del Cabildo septiembre de 2005, cuando José Miguel Pérez le interpeló acerca de la veracidad de las noticias de CANARIAS AHORA sobre el viaje a pescar salmones con un empresario noruego: "Sí, es verdad, ¿y qué?" Pues eso, con todas sus consecuencias.

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