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20 mayo, 2012

Rebelión, regeneración, palabras inverosímiles


Asier Antona y José Manuel Soria, los dos pesos pesados del PP canario desde ayer.
Asier Antona y José Manuel Soria,
los dos pesos pesados del PP canario desde ayer.
 
Tiene que ser necesariamente producto de la euforia que te invade cuando ganas un congreso regional de tu partido por el nada desdeñable resultado del 97% de los votos emitidos. Producto de esa euforia, es natural que por la boca p'afuera broten cuan fontana de oro los más periodísticos exabruptos del fin de semana. Los ha pronunciado, siempre con ese estilo a medio camino entre la exaltación del espíritu nacional y el sofisma griego, José Manuel Soria, reelegido presidente regional del PP canario. Y ministro del Reino, añadimos de inmediato antes de intentar cuadrar en una lógica política redonda lo que dijo antes sus correligionarios y ante la prensa.

Parece claro que el adversario político de Soria en Canarias ya no es el PSOE, sino su socio de toda la vida, Coalición Canaria, contra quien carga cada día de manera más abrupta y acantilada. Todos saben que la subida electoral del PP en mayo de 2011 ha invadido un territorio sociológico hasta ahora en manos exclusivas de los nacionalistas, particularmente en Tenerife, y se torna muy complicado recalcar diferencias siendo como son compadres condenados a entenderse. Y se volverán a entender algún día.

Los ataques a Paulino Rivero y a Coalición Canaria, por ese orden, se recrudecen a medida que se acerca el año crucial de 2015, y casi en la misma proporción crecen los guiños al PSOE, en la creencia, hasta ahora errónea, de que llegado el momento los socialistas transigirán a un pacto con el PP. Y suicidarse al instante, por supuesto. En su cruzada antipaulinista, Soria está empleando toda la artillería pesada de la que dispone, la mayoría de ella vedada a un cargo del rango que ocupa. Porque es del todo inadmisible que un ministro del Reino llame a los súbditos de una región concreta, sea ultraperiférica o mesetaria a rebelarse contra su Gobierno autonómico. Lo que en boca de un editorialista loco o de un independentista recalcitrante tendría su lógica y hasta su gracia, pero en un ministro de derechas, amante de la ley y del orden, es absolutamente rechazable, casi por inconstitucional y subversivo.

Pero lejos de la consideraciones puramente jurídicas y de diseño del Estado del que forman parte las autonomías, la nueva deriva soriana es políticamente de un cinismo solamente explicable en base a la personalidad del autor de la soflama. Porque su llamamiento a la rebelión se basa en las medidas de recorte presupuestario y de incremento de impuestos adoptada por Canarias pero que ya tomó en su ámbito competencial el Gobierno del que forma parte el señor Soria.

Aún peor, la mayoría de las medidas que han tomado todas las comunidades autónomas, incluida la canaria, son consecuencia directa de las acordadas en esos ya temibles Consejos de ministros de cada viernes, que a este paso engrosarán los anales de las historia de terror a la altura de las obras de Narciso Ibáñez Menta. Unas medidas, dicho sea para mejor proveer y jamás olvidar, que se tomaron a la desesperada y con unos escalofriantes meses de retraso por el empeño del PP en darse al patinaje artístico en Andalucía. En fin.

Regeneración, uf, qué pereza

La otra palabra indómita en boca de Soria es "regeneración". Bajo ningún concepto puede resultar creíble que pueda abanderar la regeneración política en Canarias el líder de un partido que acumula el mayor número de casos de corrupción jamás detectados en las islas.

Cierto es que muchos de esos casos viven aún esa incertidumbre de largos procesos judiciales, pero haya o no haya juicio, se sometan o no personajes como Jorge Rodríguez o Mari Carmen Castellano al escrutinio de un tribunal, parece claro que los comportamientos no animan a algo que se compadezca mínimamente con lo que se conoce como una conducta ejemplar y regeneradora.

Si hubiera un mínimo de coherencia con lo aprobado este fin de semana en ese congreso regional, este mismo lunes estarían dimitiendo ambos altos cartos, una alcaldesa de Telde, el otro parlamentario regional. Ya están en capilla para los juicios que tengan que celebrarse en el marco de la operación Faycan, y el código deontológico obliga a su expulsión.

Pero no hay que acudir solamente a causas de corrupción judicializada. Basta con rememorar comportamientos pasados y relatar los que continúan produciéndose. Por ejemplo, la presidenta del PP de Fuerteventura, Águeda Montelongo, pendiente de que alguien investigue en sede judicial el uso corrupto que se hizo de dineros públicos en el Patronato de Turismo de su isla, continua creyéndose la la dueña del cortijo.

El escaso catálogo de privilegios que le otorga su cargo de secretaria segunda de la mesa del Parlamento lo estira hasta sobrepasar los límites de la regeneración que pregona su jefe y de la vergüenza que reclamamos los ciudadanos. El pasado martes, sin ir más lejos, utilizó un coche oficial del Parlamento de Canarias para que la trasladara a ella y a su señor esposo desde el aeropuerto de Gran Canaria hasta el estadio donde ambos presenciaron el concierto de Bruce Springsteen. Un ejemplo de regeneración y de austeridad de libro.

Ojo con la Policía

Para una próxima entrega dejamos la visión regeneracionista y reformista que Soria tiene de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, particularmente de la Policía. Sus exigencias al ministro del Interior, y de éste al director general, de que se imponga en Canarias su propio criterio va a dejar en pañales los comportamientos que atribuía a otros con esa alegría que no se puede aguantar. Permanezcan atentos a sus pantallas porque pensamos dar todos los nombres y todos los apellidos, así como las más precisas instrucciones transmitidas por un conducto nada reglamentario a una parte de la cadena del mando. A ver si Época se anima y se viene a hacer un reportaje de lo que en realidad es una Policía a las órdenes directas del poder político, con el consiguiente ajuste de cuentas.

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