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16 mayo, 2012

Moverle la silla a Pérez para dársela a Soria

Sebastián Franquis.
Sebastián Franquis.
Los hay especializados en la conspiración, en la permanente búsqueda del requiebro político, de la suma, la resta, la división y la raíz cuadrada de los militantes necesarios para mover una ficha, torcer una voluntad, imponer un criterio o colocar a un pariente. Los más expertos suelen llamar a eso “hacer política”, y el triunfo de esa política no lo miden por el tamaño del objetivo, por la repercusión positiva que pueda suponer para la sociedad, sino por la dimensión de los movimientos realizados y por la demostración de poder interno, orgánico, partidista, que se haya podido alcanzar.

Esa alta política se manifiesta de la forma más cruda en los partidos políticos cuando se aproximan los procesos congresuales, sean del ámbito y categoría que sean, y suelen dedicarse a esos menesteres los más profesionales del gremio, que los hay en todas las formaciones en mayor o menor grado en función del hábito democrático. Por ejemplo, hay más conspiradores en Coalición Canaria o en el PSOE que en el PP, donde la conspiración solo es de perfil bajo, de recolocaciones una vez la autoridad competente ha colocado los rieles y los altos cortinajes.

El Partido Socialista Canario va a celebrar el último fin de semana de junio un congreso regional que a priori no presenta demasiadas emociones. Parten los socialistas de una situación verdaderamente anodina, ni fría ni caliente, ni eufórica ni de abatimiento generalizado. La conmoción que supuso la contundente derrota de las locales de mayo de 2011, elevada a depresión colectiva con el revolcón sufrido por Rubalcaba en noviembre, se fue poco a poco aliviando con el bálsamo del tiempo y con el pacto regional con Coalición Canaria, que al menos ha permitido al PSOE canario enseñar la cabeza y mostrar –no sin criticable timidez- que es capaz de gobernar y de conseguir mantener el tipo en el peor de los escenarios para gestionar un presupuesto público. José Miguel Pérez es un secretario general contestado (¿quién no lo ha sido a lo largo de la historia del PSC?), generalmente por su carácter político en apariencia apocado, falto de carisma… a lo que sus detractores paradójicamente endosan también otros atributos menos blandos, como que ha arrasado con los más críticos del lugar, especialmente en Tenerife, o que tiene embridada la disidencia gracias a una infalible guardia pretoriana. Puede ser. O podía ser hasta que ha dejado de ser.

Le reprochan lo flojo y lo contrario

Entrando en el fondo, a lo más lejos que llegaron en un primer momento los críticos fue a reprocharle a José Miguel Pérez el pacto con Coalición Canaria, pero una vez convencidos de que fue la opción menos mala de cuantas se presentaron tras el batacazo de mayo de 2011, ahora le afean que no se distancie públicamente de Paulino Rivero, que no haya actuaciones políticas que diferencien a los socialistas.

Precisamente el carácter dialogante y conciliador de Pérez, su escasa capacidad para el ruido mediático y su desgana para la confrontación en la plaza pública se torna virtud a la hora de mantener sólido el pacto con Paulino Rivero, como ocurrió con el acuerdo con el que se sostuvo durante cuatro años en el Cabildo de Gran Canaria junto a Román Rodríguez. Entonces, ¿cuáles son los verdaderos motivos para moverle la silla a José Miguel Pérez?

El respaldo del que goza Pérez desde la Ejecutiva Federal, y personalmente por parte de Alfredo Pérez Rubalcaba, es absolutamente indiscutible. El secretario general del PSOE se cabrea cuando alguien le lleva a Ferraz el cuento de que algunas mentes preclaras del socialismo canario insinúan la posibilidad de pactar con el Partido Popular. En el último cónclave de barones en La Moncloa se expresó en términos de radical prohibición de cualquier amago de dar un centímetro de poder al partido que está desmontando el estado del bienestar.

En este contexto, con las líneas del terreno de juego perfectamente marcadas, con una escasa capacidad de maniobra política por el entorno económico local, regional y europeo, con un PP en un extraño trance de desgaste lento pero imparable pero ejerciendo un poder absoluto que puede hacerle remontar de buenas a primeras, algunos socialistas canarios se aprestan a moverle la silla a José Miguel Pérez con el único objetivo de buscar a alguien que no tenga reparos en pactar con el PP.

Franquis y Saavedra, los componedores

Entre esos socialistas tolerantes a otro pacto aparecen algunos notables, como Sebastián Franquis, actual portavoz municipal en Las Palmas de Gran Canaria y diputado en las Cortes Generales por empeño personal de José Miguel Pérez, que tuvo que librar un pulso notable con Alfredo Pérez Rubalcaba. El líder federal no lo quería de número uno al Congreso de los Diputados, pero el PSC decidió promocionarlo para garantizarle unos ingresos que le permitieran seguir dedicándose a la política orgánica.

Junto a Franquis parece identificarse también en el movimiento pre-congresual en contra del actual secretario general Jerónimo Saavedra, diputado del Común de Canarias, que teóricamente tiene limitadísima su vida orgánica toda vez que por imperativo legal tuvo que abandonar temporalmente la militancia socialista para acceder al cargo. Fue el premio de consolación que se le pudo encontrar al veterano ex ministro, ex presidente, ex alcalde… una vez fue imposible concederle su petición de ser presidente de la Autoridad Portuaria de Las Palmas. Ninguno de los empresarios que ahora lo animan a remover a la dirección regional del PSOE canario para intentar un pacto regional con el PP le avalaron en su momento para ese puesto que ahora ocupa Luis Ibarra.

Ambos, Franquis y Saavedra, junto a otro notable experto en quiebros y requiebros orgánicos, Javier Abreu, secretario general en La Laguna, donde ocupa plaza de concejal, fueron vistos en abierta y franca conversación el viernes pasado en el restaurante La Casa Vasca, de Las Palmas de Gran Canaria. Era un simple tanteo, un juego de mesa, porque la actual dirección de Tenerife no parece tener mucha queja de José Miguel Pérez, más allá de su escasa implicación en la vida orgánica del partido en la isla, al menos al modo en que estaban acostumbrados hasta ahora los militantes.

Franquis y Saavedra son, según apuntan varias fuentes socialistas, los autores intelectuales de la pre-candidatura de Iñaki Álvaro Lavandera como aspirante a secretario general regional en el próximo congreso. Al joven y prometedor diputado regional majorero se le hicieron Pepsi-Cola todas las articulaciones y fue él quien empezó a comentar esa posibilidad. Otras fuentes, sin embargo, apuntan a que la persona en la que realmente están pensando los promotores del movimiento de silla es Manuel Marcos Pérez, el secretario general de La Palma, uno de los barones regionales que mayor oposición mostró a un pacto con Coalición Canaria dada la tradición anti nacionalista que su partido vive en la isla desde tiempos inmemoriales.

Empresarios partidarios del chantaje

Pero Manolo Marcos no está en la guerra, y si alguien le preguntara en estos momentos si le seduce la idea de sumarse a una iniciativa así, la respuesta será inequívocamente negativa. Pero Franquis y Saavedra esperarán a que llegue el momento propicio para ofrecérselo, si es que para entonces se dan las condiciones necesarias, lo que de momento no ha ocurrido.

Los empresarios más influyentes no se esconden para manifestar a Saavedra su desagrado por el pacto de los socialistas con Paulino Rivero. Presionan para que el PSOE rompa y acuerde un gobierno con quien maneja los presupuestos del Estado. Lejos de denunciar públicamente el chantaje que el PP y Soria en concreto ejecutan contra Canarias para forzar ese nuevo pacto, esos empresarios prefieren transigir en la creencia de que así se desbloquearán partidas y líneas políticas que ahora están en el alero.

Al único que se ha atrevido a levantar la voz contra ese chantaje, Sebastián Grisaleña, presidente de la patronal de Las Palmas, le han caído las maldiciones de todos los lobbys, sanedrines, círculos y cuadraturas que de La Isleta al Refugio y al Muelle Grande mueven sus hilos para su continua recolocación. Dan por amortizado a Paulino Rivero y con él a José Miguel Pérez si no se pliega a esos designios.

La dirección federal y canaria del PSOE opinan exactamente lo contrario: cualquier acuerdo con el PP es el suicidio político de quien lo promueva.

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