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13 mayo, 2012

Eligio Hernández: "Por unas bombas que pusieron"

Antonio Cubillo, en sus tiempos de activista independentista.
Antonio Cubillo, en sus tiempos de
activista independentista.

Uno de los más prolíficos hombres de leyes que se prodigan en las páginas de opinión de los periódicos isleños es Eligio Hernández, ex fiscal general del Estado, ex delegado del Gobierno en Canarias, ex magistrado, ex luchador de lucha canaria… En fin, actualmente abogado en ejercicio y defensor, en esos artículos tan celebrados, de causas bastantes chuscas. Junto a la defensa de personas de tan acrisoladas virtudes como Manuel Fernández, José Manuel Soria o José Antonio Martín, Hernández acostumbra a acompañar virulentos ataques a lo que él llama jueces justicieros, servidores públicos a los que atribuye un comportamiento que, siempre a su entender, excede sus funciones jurisdiccionales para colocarse como rutilantes estrellas policiacas que persiguen el delito de una manera que al ex magistrado no suele gustar mucho.

En sus artículos, de modo recurrente, Eligio Hernández empieza o termina por hablar de sí mismo, casi siempre exponiendo rasgos de su amplia experiencia en tantos destinos o relatando conocimientos adquiridos gracias a su respeto por ancestrales fuentes del Derecho. Pero había olvidado una de las hazañas de las que presume el ex fiscal general del Estado, que nos la recordó a todos este domingo gracias a una entrevista publicada por el periódico La Provincia.

Lo voy a resumir, porque entre tantos pétalos de rosa y tanta fanfarria pueden ustedes desorientarse: “Yo fui el artífice del regreso de Antonio Cubillo”, viene siendo el titular. Y seguramente es verdad, pero analicemos cómo lo explica, porque con el paso del tiempo y la actual postura de este veterano luchador frente a la Ley, quizás convenga profundizar un poco.

El regreso de Antonio Cubillo, desde luego, era una cuestión política, pero por el camino había un tropiezo judicial que Eligio Hernández se encargó de soslayar, no sé si en su papel de delegado del Gobierno en Canarias, que lo era en aquellos momentos, si por su influencia en la Audiencia Nacional por haber ejercido allí como magistrado, o si ejerciendo como faro y guía del firmamento patrio. Porque miren cómo lo explica: “Me fui a Madrid y se lo pedí a Barrionuevo, que era ministro del Interior. Él, delante de mí, llamó al fiscal jefe de la Audiencia Nacional, porque había una causa en el Juzgado de Instrucción número 1 central contra Cubillo, en la cual tenía decretada la prisión. Si venía, había que meterlo en la cárcel y eso había que evitarlo”. Fantástico eso de “había que evitarlo”. Como quería su patrocinado José Antonio Martín: evitar el penoso trance de la prisión al narcotraficante Rafael Bornia. Pero sigamos.

''Yo le pedí luz verde y me la dieron''

El fiscal se oponía a levantar la orden de prisión que había contra Cubillo, así que nuestro audaz delegado del Gobierno pidió permiso a Barrionuevo para operar por su cuenta: “Yo le pedí que me diera luz verde para tomar la iniciativa por mi cuenta. Y me la dio. Inmediatamente, crucé la calle Génova y me fui a ver al juez de instrucción del Juzgado número 1 de la Audiencia Nacional, Ismael Moreno, que había sido compañero mío. Él sacó el sumario, que estaba perdido en las estanterías... y me dijo que se le podía poner en libertad con una fianza de 300.000 pesetas”.

Pero la guinda a tan estridente actuación la coloca Hernández cuando la periodista Cira Morote le hace una pregunta clave: ¿Por qué era la causa que se seguía contra Cubillo en la Audiencia Nacional? Y esta es la respuesta:

“Por una de las bombas que pusieron. Estaba procesado por inductor, pero los autores materiales habían sido absueltos. No tenía sentido”.

Por unas bombas que pusieron. Con esas cinco palabras se despachó todo un magistrado en excedencia, un hombre de leyes capaz de excomulgar a toda la carrera judicial, desde Baltasar Garzón hasta Carla Bellini, las bombas que el MPAIAC colocó en el aeropuerto de Gran Canaria el 27 de marzo de 1977, una de las cuales provocó heridas a siete personas y el desvío de todos los vuelos al aeropuerto de Los Rodeos, donde como consecuencia de una saturación imprevista se produjo el mayor accidente aéreo de la historia, con 583 muertos. “Por unas bombas que pusieron”.

Un documental sobre Cubillo: 78.000 euros públicos

La entrevista de elogios a Eligio formulados por el mismo Eligio es fruto de la actualidad. El pasado viernes se estrenó el documental Cubillo, historia de un crimen de Estado, del que es realizador un sobrino del líder independentista canario, Eduardo Cubillo Blasco, y todos aquellos acontecimientos de final de la dictadura y de la accidentada transición regresaron a la memoria de muchos.

Entre esos muchos se encuentran familiares de víctimas del atentado del aeropuerto de Gando de marzo de 1977, que se consideran ofendidos por el realce que se da a una figura que, por inducción, provocó el daño que provocó, directo o indirecto. La calidad del documental parece fuera de duda, así como su valor periodístico, porque el realizador ha conseguido hablar con muchos personajes que intervinieron directa o indirectamente en aquellos sucesos, tanto en el atentado que sufrió Cubillo en Argel, como en las gestiones para que pudiera regresar a España, concretamente a Tenerife.

Eduardo Cubillo no ha querido hacer un retrato de la época sino un retrato de su tío porque, según ha explicado, tenía con él “una deuda moral”. Y su tío es quien es gracias a los tiempos que vivió y al atentado que sufrió de manos de un sicario del Gobierno de la época, a cargo de la UCD, con el que se reconcilia a lo largo del rodaje de la cinta.

Pero si las víctimas canarias de esos atentados (de los familiares de los holandeses y norteamericanos muertos en Los Rodeos nada sabemos) están cabreadas con un documental que resalta la figura de Antonio Cubillo y aquel fracasado movimiento independentista de finales de la dictadura española, más se van a indignar cuando se enteren de que ha habido una subvención del Gobierno de Canarias para hacerlo.

En concreto, el departamento de Cultura destinó a Cubillo, historia de un crimen de Estado, 78.704 euros como ayuda a la producción en 2010, un año en el que se repartieron por ese concepto apenas 145.000 euros, lo que significa que se llevó más de la mitad de la partida total. Los 71.000 restantes se distribuyeron entre otros tres proyectos, de los cuales uno, de la productora El Viaje, en Arona, fue el que más se aproximó a la subvención a Cubillo con 25.000 euros. El independentismo vende, por lo que parece.

2 comentarios:

  1. No se sorprenda D. Carlos. Aún el "Pollo" tiene cuerda para seguir explotándo su controvertida figura de jurista, político y "amigo" de sus amigos. Los que por razones diversas hemos seguido de cerca su trayectoria en ambos ámbitos, podemos decir que esa "rara avis" tiene muchas cosas que ocultar, muchas que confesar, como buen católico que es. Pero como político ha sido el mayor fiasco de la "izquierda". Ha hecho fortuna en todo el emplio arco político y social de esta España nuestra. Pero nunca le he conocido un detalle de altruismo. Cobra hasta por saludart y hhabría que preguntarle si sólo siente satisfacción por que el gallego Cubillo pudiera andar con total libertad por nuestro país, a pesar de los daños "colaterales" producidos por un atentado de unos asirocados canarios que entre otras boutades podriamos decir que: Consideraban godo a todo aquel que hubiese nacido más allá de Despeñaperro". o "colocar una olla-expres en lo bajo de un coche a gasoil de la PN, con la intención de incendiarl con un vulgar petardo y tornillería". Los autores no llegaron más allá del Parque de San Telmo. Esos eran los pupilos de Cubillo y los heroes del pollo del Pinar..

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  2. y encima l hizieron una cena o almuerzo no recuredo en el club nautico de tenerife,yo estaba trabajando ese dia en el club,y cubillo tan contento el con tanto español junto a el,y pepito poniendole las afombras por donde pisa lo que hay que ver,cubillo ha vivido del cuento del cuento de no dar un palo al agua y involucrar a otros para el salie librado

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