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12 marzo, 2012

Turismo sostenible (¿de sol y playa?)

La agenda política quiso que este lunes fuera de mucho contenido turístico, y que metidos todos en esa discusión, se escenificara nuevamente la ceremonia de la confusión y del disparate que es la política de Canarias. Porque mientras unos intentaban hacer realidad ese viejo sueño de diversificar la economía canaria y, dentro de esa diversificación, ir hacia un turismo de calidad que convierta nuestro destino en atractivo, eficiente y sostenible, otros proclamaban su fe irreductible en el más de lo mismo, en el producto de sol y playa que tanto ha perjudicado por momentos la imagen de España a cambio de unos beneficios fuera de proporción. Mientras unos hablaban en sede parlamentaria de innovación, de potenciar nichos diferenciadores y cualidades propias e incluso exclusivas de Canarias, otros se empeñaban en parques temáticos todavía sustentados en humo pero, eso sí, más grandes, mucho más grandes que el de la isla vecina.



Una postura en El Hierro, otras en Tenerife y en Gran Canaria



En esa ceremonia de la confusión, en ese “sé que tienes razón pero ahora mismo no me interesa dártela”, el PP pronunciaba este lunes dos discursos diametralmente contrarios. Soria, desde El Hierro, hacía una de sus apuestas favoritas por el turismo de baratillo, el turismo de sol y playa, de balconing, borracheras y bajo coste, por la renuncia a aprovechar la crisis para especializar a cada región a partir de las fortalezas de cada cual. A la misma hora, en el Parlamento de Canarias, la diputada del PP Aurora del Rosario reprochaba tenazmente a la consejera de Empleo, Industria y Energía, Margarita Ramos, que su Gobierno “no esté trabajando en otros productos como el turismo de congresos o el golf ni en fidelizar el turismo prestado por otros destinos competidores”. La petición de Soria a todas las comunidades autónomas de que se dejen de martingalas y consoliden el producto de sol y playa choca de bruces con lo que su mismo partido reclamaba a la misma hora en el Parlamento de Canarias y con lo que en la tercera isla protagonista turística del día, trataba de hacer con su fastuosidad habitual el presidente del Cabildo, el también popularJosé Miguel Bravo de Laguna con un parque de atracciones igual que el que ya tiene Tenerife. Pero más grande, eso sí, que toca papanatismo.


Energías limpias frente a petróleo



Es una pena que en el fragor de esas disputas de patio de colegio, el PP no haya escuchado con atención las palabras de una consejera que es la joya de este Gobierno. Margarita Ramos, experta en trabajo, en economía, conocedora en profundidad de las grandezas y miserias del modelo económico canario, trazaba las líneas maestras de lo que el Ejecutivo piensa acometer en esta legislatura (que lo consiga será otro cantar). Algo tan sencillo, a la vez que ambicioso, como apoyar a los sectores productivos emergentes, a los innovadores, a la especialización y derivación de la mano de obra del ladrillo hacia nuevos y rentables nichos como la energía renovable, particularmente la eólica, lo que se conoce como “empleos verdes”, o hacia actividades de “empleos blancos”, como el desarrollo de la Ley de Dependencia. Se escandalizan cuando una consejera del Gobierno se atreve a decir que hay que debatir seriamente la necesidad de poner un tope a la llegada de turistas, en repensar el modelo para hacerlo de mayor calidad y menos consumidor de nuestros recursos naturales. Es lo que se llama turismo sostenible frente al turismo depredador que tanto entusiasma a Soria en todas sus vertientes. Ya ven, una hablando de crear empleo alrededor de las energías limpias y el otro poniéndole la alfombra a las petroleras.

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