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05 marzo, 2012

Soria alarma a los plataneros

[caption id="attachment_1506" align="alignright" width="200" caption="Soria y Rajoy el día que supimos que en casa del presidente comen plátanos."][/caption]

Al menos ya podemos ir agradeciendo a José Manuel Soria que abandone la senda del engaño y se sitúe en la de las medias verdades, o en la de las verdades enigmáticas de medio pelo. Este pasado fin de semana largó una muy de su gusto, cercana a la solemnidad mayestática que cree que deben adornar las proclamas de un ministro. Le preguntaban por las ayudas del Estado al transporte de plátanos y su respuesta fue así de tangencial: “Una vez que se presente el presupuesto de 2102, el Gobierno dirá lo que hay y lo que no hay”. Muy bien, pero los agricultores deseaban un poco más de concreción, y una pizca de ella llegó acto seguido: “Ahora bien, lo que no haremos será decir que hay algo y luego encontrarnos con un vacío”. La inquietud se apoderó entonces de los presentes y la noticia de que van a desaparecer estas ayudas plataneras corrió por La Palma como un reguero de pólvora.

Cierto es que el ministro canario de Industria, Energía y Turismo no dio nada por perdido, pero es evidente que no le avalan precisamente la delicadeza y la entrega a la hora de defender posiciones canarias relacionadas con sus especificidades ambientales, energéticas o turísticas. Y la agricultura no iba a ser una excepción.

Las versiones que nos han llegado de esa reunión de Soria con empresarios y dirigentes de su partido en La Palma insisten en que el ministro puso en entredicho la eficacia de esas ayudas al transporte, del mismo modo que desvencijó los criterios por los que se bonificaban las tasas aeroportuarias, se primaba la energía renovable o se vetaba de manera activa la autorización para las prospecciones petrolíferas frente a las costas canarias.

El ministro Soria parece empeñado en encabronar a todos los sectores productivos canarios, como si quisiera hacer que sobre todos ellos caigan las plagas de Egipto por el agravio sufrido por el PP al quedar fuera del Gobierno de Canarias tras las elecciones de mayo de 2011. Da la impresión de que quiere que todos notemos esa ausencia y sepamos lo duro que es para todos la falta de sintonía política entre los Gobiernos de aquí y de Madrid.

Los que valoran en Soria su capacidad como estratega esperan aún la aparición del as de la manga que conduzca a explicar ese grado de crueldad, esa evidente revancha. Sugieren que debe tener pensado un vuelco en medio de tanta inquina, una solución milagrosa que haga comprender a los canarios que su actitud provoca el dolor de un pinchazo, pero tras él llega el alivio terapéutico. Pero a medida que pasa el tiempo y aparecen nuevos zarpazos, la mejoría se complica.

La preocupación ha calado profundamente en el Partido Popular, cuyos dirigentes canarios se esfuerzan con denuedo por lanzar mensajes que suavicen o expliquen las duras consecuencias de las medidas del Gobierno de Mariano Rajoy contra Canarias. Culpar de esas medidas al Gobierno de Paulino Rivero y a la herencia de Zapatero, al déficit o a los mercados tiene un recorrido muy corto, y hay quienes sostienen sin ningún tipo de ambages que esa estrategia no está provocando otra cosa que un fortalecimiento del presidente canario, de su partido, Coalición Canaria, y de su socio, el PSOE.

Porque la tradición indica que ante agravios de Madrid incluso se disculpan las mediocridades locales y se enquistan las posiciones, y lo que era un remolino se torna piña; lo que era indiferencia, combativa canariedad. Soria debería saberlo porque en más de una ocasión convivió con esos sentimientos alrededor de la misma mesa del Consejo de Gobierno.

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