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20 marzo, 2012

Román, liberado

A Román Rodríguez solo le dieron treinta y pico minutos, lo suficiente para demostrar a los que seguíamos (más o menos) el debate de política general de Canarias que se puede aprender y mucho cuando se maneja correctamente una buena información. Que el aprendizaje de gobierno y de oposición, de parlamentario aquí y en San Jerónimo es una beca que, aprovechadita, da mucho de sí. Fue el momento más preciso y precioso del debate, el más certero, porque el ex presidente del Gobierno supo cuadrar perfectamente el diagnóstico con las pataletas del enfermo, el marco internacional con la que se nos viene encima si seguimos sin hacer nuestros deberes.

Es la inigualable ventaja de venir de vuelta y tener abierta cualquier posibilidad de regreso, la liberación que supone no mantener pacto de gobierno con ninguno de los partidos políticos presentes ayer en la Cámara para poder decirles a todos ellos que el camino no es el de repetir como cotorras el mismo discurso de siempre, la misma letanía de agravios, las ultraperiféricas ofensas, los inalcanzables propósitos, las miserables comparaciones y el intolerable "y tú más".

No es utópico pretender que paguen los que más tienen, que no acarreen con la crisis los que no tienen ninguna culpa; no es desvergonzado residenciar la deuda justo en quienes la contrajeron y sí justificarlo todo en nombre de la crisis económica abrazados al mantra de que vivíamos por encima de nuestras posibilidades. No es disparatado reclamarle a un Gobierno que sea firme en la defensa del medio ambiente, por mucho que ese mismo Gobierno, o los que le precedieron no hace mucho, hayan protagonizado hechos depredadores, como cargarse un catálogo de especies protegidas para permitir un puerto inservible y carísimo con el fin de beneficiar solamente a los propietarios de los terrenos aledaños.

Australia, encorsetada

Román, liberado, gustó y se gustó; y Australia Navarro completamente encorsetada, quiso gustarse pero no gustó. Forzada en un discurso inasumible, necesitada del combate desde la tabla rasa, quiso borrar de un plumazo el paso inconfundible de su partido, el PP, por la moqueta de un Gobierno que ahora se niega a reconocer como cercano. Porque Román, Paulino, Australia... han estado casi siempre ahí, unas veces más a la derecha que otras, pero siempre sirviendo mejor a los intereses de los mismos escogidos que, en una pirueta incómoda, el PP pretende seguir sirviendo desde la bancada de la oposición con un discurso que borda la incoherencia permanentemente.

Desde el petróleo a la deuda sanitaria, desde las cuentas públicas hasta el modelo turístico y energético, el PP tiene extremadamente limitado su discurso en Canarias porque es imposible sostener ahora lo contrario a lo que defendió desde el machito. Con el problema añadido de que el margen es el que es y viene fuertemente impuesto desde Madrid, donde manda quien manda. Y, de remate, tener que soportar que el único ministro canario que ha dado ese partido en su historia se esté comportando de manera tan agreste, alimentando los sentimientos más nacionalistas, dejando pasar por inofensivos a los socialistas y abriendo una brecha enorme incluso dentro de la derecha sociológica canaria. Porque cada día que pasa se hacen más intragables los discursos de los dirigentes empresariales, necesitados de estar a bien con el ministro. La contestación institucional se les atraganta y temen por una opinión pública soliviantada que empieza a preguntarse si esto es crisis económica o sencillamente atropellos. Con esas claves supo sintonizar ayer Román Rodríguez en poquitos minutos. Falta saber si alguien le escuchó con la atención o todo quedará para la solemne prosperidad del Diario de Sesiones a la espera de que la autonomía nuestra, esta nacionalidad en crisis, cumpla sus primeros 200 años.

 

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