Páginas

28 marzo, 2012

Perretas estériles de Cardona

Totalmente innecesario, además de delator. Al alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, Juan José Cardona, le están perdiendo con demasiada frecuencia sus modales escasamente democráticos. Goza de una cómoda y segura mayoría absoluta que le permite superar cualquier debate plenario, cualquier decisión que pudiera tener la más agria contestación por parte de la oposición. No necesita por lo tanto hacer piruetas incómodas, rizar el rizo de un gobernante que se convierte en oposición de la oposición; ni intentar menguar la representación de sus adversarios en la Corporación, ni restarles el protagonismo que tienen, que es el que es y forma parte del juego democrático. Por eso resulta hasta infantil que adelante un pleno del Ayuntamiento por la vía de urgencia con el único fin de complicarle a dos concejales que además son diputados nacionales la defensa de iniciativas que molestan al PP. Pedro Quevedo y Sebastián Franquis, que acumulan a su condición de portavoces municipales de Nueva Canarias y del PSC la de diputados por la provincia de Las Palmas, se perdieron este miércoles el pleno del consistorio porque prefirieron quedarse en Madrid al debate sobre una proposición no de ley sobre las prospecciones petrolíferas, una polémica que el PP intenta taponar por tierra, mar y aire con artimañas tan estériles como la de este alcalde.



Es tan inútil y patético el intento que al final solo consigue lo contrario de lo que pretende: el debate sobre el petróleo en el Congreso de los Diputados se celebró finalmente, y sirvió para trasladar a los medios de comunicación nacionales una polémica que, lejos de tener fecha de caducidad inminente, como trata de autoconvencerse el PP, no ha hecho otra cosa que empezar. Por su parte, el pleno municipal se celebró dentro de los cauces habituales y permitió que se aprobaran, no sin cierta crispación introducida por el alcalde, los asuntos que iban en el orden del día, entre otros un plan de ajuste preceptivo para que la ciudad pueda acogerse a las vías de créditos ICO necesarias para hacerse con tesorería, pagar deudas y enviar la pelota a dentro de diez años. Patadón p'alante y ya se verá, que diría Javier Clemente.



Palabra agria tras debate blanco



En su propio pecado lleva la penitencia Juan José Cardona. La imagen de persona cercana, afable, contraria a los comportamientos que siempre criticó en José Manuel Soria cuando estuvo a su servicio, se ha transformado en la de un dirigente hosco, mal amañado, crispado y propenso a la discusión como si de un buscapleitos de taberna se tratara. Un debate sobre el Plan de Cooperación con el Cabildo de Gran Canaria que su concejal de Urbanismo, un correctísimo Martín Muñoz, llevaba con guante blanco junto a la portavoz socialista, Isabel Mena, concluyó de manera áspera por el empeño del alcalde en crispar. Muñoz pidió disculpas por las urgencias, que la concejala socialista excusó y apoyó, y hasta hubo acuerdo entre ambos en la necesidad de invertir más en determinados barrios de la ciudad que aún sufren deficiencias como falta de alcantarillado, aceras, asfaltado o agua corriente. El debate había concluido sin víctimas y cuando todo hacía pensar que se pasaría al siguiente asunto, tomó la palabra el alcalde para, en un tono agrio impropio del cargo y de lo que representa, lanzarse a recriminar a la portavoz socialista que esas obras que reclamaba no las hubiera hecho el PSOE en los cuatro años del anterior mandato.



 

Cardona abrió la caja de los truenos, porque a Isabel Mena le bastó con recordar los doce años que Cardona y los suyos estuvieron al frente de un Ayuntamiento que todos sabemos como quedó desde el punto de vista del urbanismo, de las inversiones en la periferia y de las cuentas, las sentencias judiciales adversas y la corrupción. ¿Corrupción? ¿He dicho corrupción? La palabra que más encoleriza a Cardona, sin duda. Si a alguien se le ocurre en su presencia hacer la mínima referencia a asuntos tan oscuros como el Canódromo, en el que tuvo participación directa, se arriesga seriamente a ser víctima de una catarata de improperios y de gestos violentos que pueden llegar incluso a amagos de agresión. Y no no hay en esto ni una pizca de exageración. Aún está a tiempo el alcalde de la ciudad más importante de Canarias de corregir su comportamiento y desahogar sus frustraciones, si las tiene, con actividades alejadas de la política y del cargo público por el que todos le pagamos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada