Páginas

01 marzo, 2012

Ocurrencias Cardona

[caption id="attachment_1442" align="alignright" width="200" caption="Cardona, junto a Bravo de Laguna, durante el izado de la bandera grancanaria en LPGC."][/caption]

Debe ser que la estadía de horas y horas al frente de los mandos de una ciudad, en ese inigualable puente de mando que es el despacho alcaldicio de la sexta planta del hotel de los líos, va imprimiendo en el alcalde Cardona seguridad y autoafirmación. Dos cualidades imprescindibles para poder atreverse con todo sin el menor temblor de rodillas y sin que se disparen las glándulas sudoríferas por la vergüenza del momento. Esa capacidad para la audacia ya ha conducido al regidor a derrapar por los arriesgados rellenos del muelle de La Esfinge, donde una noche soñó poder verlo rematado por las grandes moles de hormigón, tanques, chimeneas y conductos de una planta regasificadora que auparan a Las Palmas de Gran Canaria a un lugar destacado en las ciudades con mayor peligrosidad para sus habitantes de todo el mundo civilizado. Cuando hizo la primera consulta con un experto ya era demasiado tarde, ya había soltado la burrada y solo cabía explicarla en el terreno de la boutade: je, je, lo hice para animar el debate sobre la necesidad de que Gran Canaria desbloquee de una vez el conflicto de la regasificadora. Los vecinos de La Isleta se partían de la risa y se felicitaban por la comicidad del alcalde. Un portento.

Otro obstáculo entre la ciudad y el mar

Los que opinamos que son necesarios planes de presente y de futuro para que la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria recupere su relación con el mar nos alegramos enormemente de que una de las primeras decisiones del alcalde Cardona fuera crear una concejalía específica con ese sonoro nombre: Ciudad de Mar. Y nos entusiasmamos al conocer que avanzaban por el camino del entendimiento sus conversaciones con el presidente de la Autoridad Portuaria, Luis Ibarra, para poner en marcha actuaciones blandas que hicieran de istmo un lugar de encuentro entre ambas orillas y no un Hong Kong como el que, con reputados arquitectos internacionales firmando costosos proyectos, planificó su partido a través de la frustrada Gran Marina. Suena muy bien el encuentro Puerto-Ciudad que vienen contando Cardona e Ibarra. Como suena a decisión inteligente enfocar esa zona del istmo y de Santa Catalina a la recepción de turistas de cruceros, de modo que La Luz se afiance en ese tipo de negocio turístico. Y, además, con unos requerimientos económicos muy razonables, de los que están al alcance de las instituciones en momentos tan menesterosos.

De soterrar la avenida a interrumpirla

A esa idílica ciudad de mar que nos proponía Cardona desde el inicio de su mandato contribuían otras ideas algo más atrevidas y onerosas, pero no imposibles. ¿Por qué no soterrar la Avenida Marítima a su paso por tres o cuatro puntos estratégicos de la ciudad para que desaparezca esa barrera física y psicológica entre los dos lados de la vía? Al fin y al cabo en tiempos también difíciles lo consiguió el Ayuntamiento de Juan Rodríguez Doreste en los años 80 gracias a la audacia de concejales de Urbanismo como Domingo González Chaparro. Entonces, con medios más precarios y conocimientos menos avanzados, se soterró la autovía en cuatro puntos, lo que supuso un paso de gigante que ningún otro alcalde se ha atrevido a dar. Bueno, sí. Pepa Luzardo dio otro impulso importante a la ruptura de las barreras frente al mar derribando, no sin ciertas polémicas, el scalextric que adornaba la desembocadura del Guiniguada, a la altura de teatro Perez Galdós. Y sentó las bases, aun sin rematar a día de hoy, de una operación urbanística de excelencia en esa zona de transición entre Vegueta y Triana.

Con el apoyo del don Pepito grancanario

Con este panorama, ahora aparece Juan José Cardona con una de sus febriles ocurrencias, posiblemente parida en una de esas mañanas en las que se cree Dios al observar la ciudad a sus pies. Necesitado de emblemas con los que pasar a la posteridad y falto de un concurso económicamente cuantioso que echarse a la boca, no se le ocurre cosa mejor que proponer para acabar con los atascos en la zona de Torre de Las Palmas, en Las Alcaravaneras, que plantar otro adefesio, otro monumento a la estupidez humana, otro tributo al automóvil a cuenta de los ciudadanos, de la ciudad de mar, de la apertura al horizonte. Deprimida la avenida, desapreciado el scalextric del teatro, a este alcalde que tiene la capital grancanaria no se le ha ocurrido mejor memez que plantar allí otro enjambre de hormigón, acero y coches, otro scalextric que romperá la imagen de la playa de Las Alcaravaneras, que horrorizá a vecinos y cruceristas y que acabará con la ilusión de los que nos creímos que iba a aportar su mandato a ese viejo empeño de abrazar el mar. Y, para que no falte un solo ingrediente a este sainete, se suma alegre y desenfadado el presidente del Cabildo, el don Pepito grancanario. Qué desgracia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada