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25 marzo, 2012

Más a la izquierda, Griñán

El PP se quejaba no hace mucho de que los sindicatos le convocaran una huelga general a tan solo ochenta días de que Mariano Rajoy se convirtiera en presidente del Gobierno. Pues bien, cien días después de ese hito, las políticas antisociales y de recortes le han pasado la primera factura electoral. Y por partida doble. Cien días han bastado, o quizás menos, para que los ciudadanos españoles hayan conocido con cierta precisión lo que ocultaba el Partido Popular cuando, desde la oposición, decía tener la solución a la crisis económica, al desempleo, a la deuda soberana y a la sequía. Cien días para olvidar.

Las astucias electoralistas, como esa tan irresponsable de esconder los presupuestos generales del Estado, que conoceremos este viernes, o la chulería de Javier Arenas de no acudir a un debate televisivo con sus contrincantes alegando que la tele pública andaluza no es plural, no han servido al PP para alcanzar su propósito de arrebatar a la izquierda el control parlamentario de la comunidad autónoma española con más tradición progresista, pero también con más paro y con más desigualdades sociales.

El PSOE ha salvado los muebles e Izquierda Unida ha experimentado un extraordinario crecimiento que debe hacer recapacitar especialmente a los socialistas. Empezando por los andaluces pero continuando por los de toda España. El último año y medio de Gobierno de Zapatero hay que borrarlo de la historia ideológica del PSOE y aprender a interpretar de manera atrevida, valiente y sin cortapisas el mensaje que cada día está transmitiendo la sociedad española: para que no gane el PP y arrase con las conquistas sociales hace falta una izquierda que las defienda de verdad, en la calle, en las instituciones, en Europa y ante el Banco Mundial. Hace falta una izquierda que no haga ascos a parar las patas a la banca, que se proponga seriamente hacer pagar más a los que más tienen, que persiga de verdad la corrupción política y empresarial, y que reponga el estado del bienestar, ley de dependencia incluida.

Si no lo hace, el PSOE estará nuevamente condenado a castigos tan ejemplarizantes como el de noviembre pasado, o a ese aviso serio que le ha dado su granero andaluz. Por eso, el giro tiene que empezar por Griñán cerrando un acuerdo serio con Izquierda Unida que de verdad produzca un cambio en Andalucía con el que se recupere la credibilidad de sus instituciones, se ponga a buen recaudo a los corruptos y se reponga la sensibilidad social tantas veces maquillada en nombre de los mercados y los mercaderes.

Lecciones para la derecha

La derecha también tiene que extraer lecciones. La soberbia y el desprecio con que ha actuado el Gobierno de Mariano Rajoy empieza a hacer mella seria entre los electores, esta vez han sido los andaluces y los asturianos, que han retirado en gran medida el apoyo que prestaron al PP en las recientes generales. Solo en Andalucía, más de 420.000 personas no repitieron su voto del 20-N. Los ataques al estado del bienestar, a los derechos sociales, perversamente resumidos en la reforma laboral, pasan la primera factura a Mariano Rajoy de la manera más evidente que tienen los ciudadanos de hacerlo, voto en mano.

El desgaste continuará sin duda, y probablemente se dispare en cuanto se conozcan los Presupuestos Generales del Estado y las consecuencias que van a tener en la vida de cada español. Pero el Gobierno no parece dispuesto a levantar el pie del acelerador en la creencia de que adoptando todas las decisiones impopulares en el primer tramo de la legislatura, los españoles sabrán olvidar, perdonar o incluso entender. Mucho tendrán que mejorar las cosas para que eso ocurra, mientras tanto, empiezan a apreciarse indicios muy serios de que la lucha contra el paro o la salida de la crisis no pueden justificarlo todo. Y que las soluciones de Rajoy no son precisamente milagrosas.

Otro aviso importante se lo ha llevado la prensa cavernícola, la que día tras días estos últimos meses se ha dedicado a insultar despiadadamente al líder socialista andaluz, José Antonio Griñán, al PSOE de Andalucía y, con insinuaciones más o menos sutiles o recurrentes, a los andaluces que votan izquierda. La misma noche electoral, tras conocerse la pírrica victoria de Javier Arenas, hervían las redes sociales y los medios audiovisuales de la derecha despotricaban rabiosamente contra los resultados, buscando culpables de inmediato, e incluso haciendo apocalípticos vaticinios sobre lo mal que lo va a pasar España si Arenas no Gobierna en la Junta. El mismísimo Pedro J. Ramírez escribía muy solemne en Twitter que “lo ocurrido en Andalucía complica mucho la política de ajuste de Rajoy y acerca a España a un escenario de rescate y economía intervenida”. Cualquiera que haya leído la prensa internacional esta pasada semana habrá notado que esas complicaciones se las achacan líderes y expertos extranjeros directamente a Mariano Rajoy, que parece que está equivocando el tiro por esa manía que tiene la derecha de intentar resolver los problemas de la ciudadanía favoreciendo solamente a los amigos.

1 comentario:

  1. Maria de Jinámar27 de marzo de 2012, 7:07

    Buenos dias Carlos,me gustaria opinar de este señor Pepe, la única forma de contastar con usted es por aqui ,graciasy buén dia

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