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10 marzo, 2012

Delegada del Gobierno organizando Congreso del PP

El líder ya habló, y el líder ha convocado el congreso regional del Partido Popular que habrá de refrendarlo como el más grande, poderoso, generoso, brillante, genial e indiscutible presidente de todos los tiempos. Los primeros datos que van llegando apuntan a que será un conclave de apoteosis soriana, sin nadie de relumbrón ocupando sitios que pudieran proyectar la menor sombra sobre el objetivo principal, el enaltecimiento del patricio y futuro candidato presidencial en 2015. Dado que se celebrará en Tenerife, Soria ha colocado como presidenta del congreso a la lideresa local, Cristina Tavío, que debe estar en estos momentos descifrando qué mensaje encierra ese encargo puramente testimonial. Y como organizadora máxima, el líder ha puesto a una incondicional, María del Carmen Hernández Bento, actual delegada del Gobierno, un cargo institucional que generalmente obliga a sus titulares a alejarse prudentemente de la primera línea partidaria, dada su condición de jefa de la Policía y de la Guardia Civil, con dedicación plena a tareas gubernamentales. No es una idea feliz, pero cualquiera le quita a Soria la ilusión por rodearse exclusivamente por incondicionales en una apoteosis de este calibre, con tantos ojos mirando a ver si alguien levanta una ceja para discrepar mínimamente.
Sin pesos pesados

No había acabado la Junta Directiva Regional del PP de este viernes y ya nos llegaban las primeras reacciones al diseño del congreso regional que Soria sometió a la consideración (unánime, eso sí) de sus correligionarios. Porque además de rodearse de personas de su máxima confianza y lealtad ("sumisión" fue la palabra que empleó alguna de nuestras fuentes), el presidente del PP apartó a veteranos sabios incluso del privilegio y el protagonismo de elaboración de ponencias. Así, se echa en falta la presencia destacada en esos roles del secretario general regional, Manuel Fernández, lo que ha llevado a algunos a insistir en que se aproxima un cambio en la cúpula. Pero tampoco está José Miguel Bravo de Laguna, al menos por el momento, ni el parlamentario popular por excelencia, el incombustible y todoterreno Miguel Cabrera Pérez-Camacho. Ni por supuesto los defenestrados Ángel Llanos o Larry Álvarez, valores que pocos discuten dentro del PP cuando se habla discretamente, pero que seguramente estarán en ese congreso como compromisarios. Por contra, Soria ha encargado el peso de la ponencia política a María Australia Navarro y a Asier Antona, presidentes insulares de Gran Canaria y La Palma, respectivamente, pero no necesariamente aclamados como grandes estrategas del partido. En el reparto de premios hay incluso una ofensa para la dirigencia histórica tinerfeña: el encargo de una comunicación a la ex concejala santacrucera Maribel Oñate, catapultada al estrellato por su deshonroso papel de perseguir hasta la extenuación a compañeros como Alfonso Soriano, primer presidente de esta autonomía cuando aún era pre.

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