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11 marzo, 2012

Cuando lo moderno es el petróleo

Cuesta un poco de trabajo encajar que todavía haya empresarios en Canarias que digan que renunciar al petróleo es regresar a la Edad de Piedra, que lo moderno es poner la alfombra roja a Repsol y facilitarle que explote los pozos que, previsiblemente, puede haber frente a Lanzarote y Fuerteventura. Cuesta trabajo creer que exista esa visión si no fuera por las necesarias localizaciones que hay que añadir para encajarlo todo en su lugar del puzzle. Quien así se ha expresado, quien acusa al Gobierno de Paulino Rivero de condenarnos a la prehistoria, es uno de los más influyentes empresarios de Canarias, Sergio Alonso, que pasa por ser uno de los más cultivados, uno de los más estudiosos patronos que ha dado el movimiento empresarial canario. Liberal hasta la médula, tiene su negocio principal montado alrededor de la automoción por ser concesionario de coches para Canarias y diversos países de América Latina. Primer dato necesario.

Pero si a esas leves pinceladas de los intereses que representa el señor Alonso añadimos que es el máximo defensor que tiene entre su casta el ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, ya tenemos todo el cuadro completo para explicarnos que haya personas cultas, bien situadas socialmente, que considere que renunciar a la explotación del petróleo frente a las costas canarias equivaldría a regresar a la Edad de Piedra. Porque Soria necesita que empresarios y medios informativos asuman y empujen no solo su empeño por meter a Repsol a explotar petróleo en Canarias, sino también su táctica de abrirle una brecha a Paulino Rivero en sus relaciones con el mundo económico isleño. Los primeros resultados de esa solicitud de apoyo ya se están apreciando.

Lobby en defensa del sector automovilístico

Sergio Alonso constituyó en su día un potente lobby empresarial y mediático para reclamar del Estado y de la Administración autonómica la construcción de la circunvalación de Las Palmas de Gran Canaria y, más recientemente, otro similar para oponerse al proyecto de ferrocarril entre Las Palmas de Gran Canaria y el Sur de la isla. Ambas iniciativas, una a favor y la otra en contra, las realizó en defensa, en legítima defensa, de sus intereses empresariales, que no tienen por qué coincidir con el de todos los empresarios y, por ende, de todos los habitantes de Canarias.

Por lo tanto, y con todos estos ingredientes sobre la mesa, pedirle al presidente del Grupo Domingo Alonso que considere que lo “moderno” ya no es el petróleo, que las energías fósiles no hacen otra cosa que machacar este planeta contribuyendo al calentamiento global y al fin de nuestros recursos naturales, quizás sea pedirle que piense en las próximas generaciones y no en la cuenta de resultados de 2012. Pedir al señor Alonso que tenga en cuenta que producir energía en Canarias mediante renovables es más barato que hacerlo con combustibles como el petróleo o el gas, quizás sea mucho pretender, aun teniendo en cuenta que hasta la compañía Endesa se empeña en mostrar vehículos eléctricos de gran eficiencia, aunque sean de la marca Toyota.

Petróleo que has de dejar correr

También debe ser misión imposible convencer a empresarios como Sergio Alonso de que renunciar a extraer petróleo frente a las costas de Canarias en nada va a perjudicar a su negocio automovilístico porque, al menos durante las próximas décadas, vamos a seguir comprando coches Volkswagen, que se moverán gracias a gasolina que seguiremos trayendo desde refinerías que se surtirán de petróleo que llegará de fuera.  Como debe ser imposible que entienda, con todo lo que él sabe, que cabe la posibilidad que ni una sola gota del crudo que se pudiera extraer frente a Lanzarote y Fuerteventura termine consumiéndose aquí a un precio más ventajoso que el que ya tenemos.

Ni nos molestamos en explicarle al señor Alonso o a otros muchos de sus colegas empresarios, que es imposible con el actual panorama fiscal y legislativo que Canarias vea un céntimo de los beneficios que pudieran derivarse de esas extracciones.

Lo peor de todo es que esto lo sabe de sobra Sergio Alonso, de la misma manera que lo saben Santiago Santana Cazorla y todos esos empresarios que están dispuestos a poner en riesgo la gallina de los huevos de oro con tal de rendir tributo al ministro de Industria, el único que hasta ahora ha garantizado que el turismo no corre peligro porque él personalmente vendrá a tapar con sus dedos los hilillos de plastilina que puedan escaparse de los pozos de Repsol.

Habló el virrey: hasta las olas son mías

Alonso, Santana Cazorla y todos los empresarios que con más o menos pasión defienden las explotaciones petrolíferas junto a Canarias, están haciendo su contribución a la carrera política de José Manuel Soria, aportando su respaldo al que esperan convertir en presidente de Canarias en 2015. Una pretensión totalmente respetable pero que refleja muy a las claras dónde creen ellos que está el político que verdaderamente puede atender sus intereses sin pasar apuros de ningún tipo si es sorprendido mezclando agua con aceite; el que es capaz de apretar los tornillos a aquellos altos funcionarios que a su juicio han detenido el futuro de esta región aplicando las mismas leyes que los mismos políticos han elaborado en el Parlamento. Soria ya hace sus deberes por su cuenta, y desde su nuevo puesto de ministro trabaja con denuedo para atender las necesidades de sus empresarios de cabecera y, entre col y col, meter un dedo en el ojo a sus adversarios políticos locales. Lo malo es que con sus atrabiliarias salidas de tono empieza a llevarse por delante el interés de la ciudadanía y la fe de sus propios votantes. Este fin de semana, durante su visita a las Islas, expelió dos exabruptos contra el Gobierno de Paulino Rivero con el fin de que se sepa claramente quién es el virrey, el nuevo pistolero llegado a la ciudad.

En su comparecencia posterior a la Junta Directiva Regional del PP, en la que incomprensiblemente nombró a la delegada del Gobierno organizadora del congreso regional de mayo próximo, Soria soltó dos perlas que deberíamos enmarcar para que tengamos muy en cuenta cómo las piensa gastar los próximos años. Ambas perlas iban dedicadas a Paulino Rivero, la primera, por las prospecciones petrolíferas, y la segunda, por el controvertido concurso de asignación de frecuencias de radio.

Las aguas canarias son de España, recalcó, y para que quedara claro, dijo que "hasta las olas que rompen en las islas, son del Estado". El mensaje es claro: si alguien piensa ejercer algún tipo de reclamación fiscal sobre las prospecciones petrolíferas, que se vaya olvidando, que toda la recaudación será para el Estado y de su generosidad dependerá que la Comunidad Autónoma reciba algo.

La segunda sentencia fue también prosaica, más de consumo mediático, pero también con una temible carga de profundidad política. Soria dijo que se niega en redondo a conceder a Canarias más frecuencias en el espacio radioeléctrico para que el Gobierno de Paulino Rivero pueda convocar otro concurso con el que dar satisfacción a empresas mediáticas que se han sentido maltratadas por el que en estos días está pendiente de adjudicarse definitivamente. Se trata de una petición lanzada por Rivero a Zapatero en los últimos coletazos del Gobierno socialista, aún a sabiendas de que se trataba de una petición de compleja tramitación y escasos plazos para ejecutarla. Pero había que pedirla entonces para colocar al Gobierno entrante en una posición comprometida.

Pero eso a Soria le da exactamente lo mismo. O, mejor dicho, le viene muy bien pasarse por el arco del triunfo esa petición porque de ese modo -o al menos él lo cree así- coloca a Paulino Rivero en una situación difícil frente a la Cadena Ser, Onda Cero, la Cope y, en menor medida, Editorial Leoncio Rodríguez, editora de El Día, que le tiene declarada una guerra abierta y sin armisticio posible al presidente. Claro que, conociendo como conocemos a Paulino Rivero, veremos el tiempo que tarda en devolverle a Soria la ofensa y explicar a esas empresas de comunicación que la única solución legal que quedaba la ha echado por tierra el ministro Soria en su empeño por negar a Canarias el pan y la sal.

Una oportunidad de sus favoritas

Soria tiene ante sí una de esas oportunidades que le chiflan, la de devolverle a Rivero sus viejas ofensas. La del concurso de radio es una de ellas porque se convocó siendo el hoy ministro vicepresidente del Gobierno pero infligiéndole un humillante puenteo que le costó algún sonrojo entre emisoras amigas, a las que había prometido al menos estar atento al devenir de los hechos. No lo dejaron tocar bola en la elaboración y revisión de las bases, el momento más oportuno para que determinadas radios tuvieran más opciones que las demás; o a la inversa, para que las desafectas no pudieran sobrevivir al concurso.

Martín Marrero, ejecutando un acuerdo del Consejo de Gobierno, convocó el concurso de espaldas a Soria, que se hizo patente su sonoro cabreo y produjo una de las clásicas tiranteces del pacto que acabó por romperse en octubre de 2010.

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