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25 febrero, 2012

En la muerte de 'Público'

No fue suficiente la reacción de una amplia mayoría social, alertada ante los primeros indicios de muerte, para salvar de su desaparición al periódico Público, que si nadie lo remedia desaparecerá de los kioscos este fin de semana al verificar los administradores concursales que su viabilidad es imposible en estos momentos. Es preciso recalcar "en estos momentos" porque Público ha tenido la poca fortuna de salir el mercado en vísperas de la más brutal crisis económica desde el 29 del siglo pasado, además de empeñarse en nacer simultáneamente en la web y en el papel justo cuando se acentuaba la crisis de este soporte por la imparable apoteosis de Internet. Es tradición que en situaciones de crisis económicas, las empresas recortan de inmediato sus inversiones publicitarias, lo que automáticamente deriva en caída de sus ventas y, en los medios informativos, en una debacle que, en el caso del papel, se agudiza por la natural pérdida de venta de ejemplares. Una tormenta perfecta que, en el caso de Público, o de cualquier periódico con una marcada línea editorial de izquierdas, se agrava por la huida de grandes anunciantes, que eligen cabeceras ideológicamente más afines.

La viabilidad, casi a tiro

La salida del diario Público en 2007 vino a llenar un hueco que paulatinamente había ido dejando libre el periódico El País, todopoderoso baluarte de los lectores progresistas desde su nacimiento en 1976. Su sutil pero imparable alejamiento de sus principios fundacionales por su dependencia respecto de otros negocios ajenos a la comunicación, acentuada con la irrupción de nuevos capitales y nuevos intereses tras la muerte de Jesús de Polanco, empezaron a convertir en necesaria otra cabecera de izquierdas, en el sentido más puro y valiente del término. Quizás tentada por esa evidente demanda, Mediapubli,  la empresa editora de Público, aceptó el reto del papel en lugar de limitarse a Internet, lo que seguramente no hubiera provocado ahora su defunción tan precipitada. A los directivos les entusiasmaron los primeros resultados, las crecientes ventas en clara contradicción con lo que ocurría a la competencia, y una facturación publicitaria que parecía acercarse al punto de equilibrio presupuestario. Pero la resistencia de Mediapubli se agotó a 7 millones de euros de conseguirlo, y tomó la dura, aunque legitima decisión, de arrojar la toalla, de solicitar concurso de acreedores y, directamente, tirar por la borda todo el esfuerzo hecho y toda la inversión realizada. La posibilidad de hacerse fuertes en la Red parece descartada por los trabajadores porque la cabecera será subastada por el Juzgado de lo Mercantil que lleva el concurso. Solo un milagro, un creyente en el buen periodismo, en el periodismo de contar grandes y pequeñas historias en Internet, un creyente con dinero o con capacidad para aglutinarlo, puede reconducir la situación y salvar para la pluralidad y para los lectores de izquierdas esta esperanzadora experiencia de comunicación. Mientras tanto, a los 160 trabajadores dePúblico, nuestra solidaridad y nuestros mejores deseos.

1 comentario:

  1. Si la empresa es deficitaria, o el propietario no quiere poner más dinero es lógico que se cierre la empresa, obviamente esto perjudica a muchos trabajadores que cobraran la prestación en función del estatuto del trabajador. De ahí a pedir con un manifiesto su continuidad por la labor social que hacen -como hacían en la web del periódico- me parece algo que me causa risa. Si el empresario, Roures, la cagó invirtió mal, o era una inversión para blanquear, cosa que no sé, lo que sea... está en su pleno derecho de cerrar, pero como todo dentro de la legalidad. No hay que rasgarse las vestiduras por ello.

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