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23 febrero, 2012

Después de Lanzarote, La Palma, y luego...

Después de Lanzarote, o casi, casi en paralelo, se abrirán crisis de gobierno en la isla de La Palma, donde los socialistas locales empiezan a entender, con dolor de corazón y propósito de la enmienda, los motivos por los que la dirección regional y federal de su partido les instaba con firmeza a que no pactaran con el Partido Popular. El subidón de poder que protagonizan los populares en toda España tras su arrolladora victoria del 20-N no ha sido disimulado por los conservadores canarios, que allí donde gobiernan hacen valer ese tonito que tanto irrita a sus socios. Si todo sale como han pactado José Miguel Pérez y Paulino Rivero y se activan las terminales de CC y PSOE en cada isla, veremos recomponerse mayorías entre socialistas y nacionalistas allí donde hubo tanta revancha en mayo pasado. Ya han empezado a cundir los nervios en el PP en plazas tan señeras como el Cabildo de Gran Canaria o el Ayuntamiento de Telde, sin que precisamente sean esas mayorías las que más peligren. En la primera corporación de la isla, el CCN se ha apresurado a jurar fidelidad eterna a José Miguel Bravo de Laguna, como si alguien dudara a estas alturas que el empleo de un tránsfuga no blindó legalmente la posibilidad de una moción de censura para lo que queda de mandato. Pero Nacho González necesitaba lanzar esa muestra de lealtad inquebrantable a Soria para de alguna manera sanarle el escozor que le tiene que haber producido comprobar que la inestabilidad que anda pregonando por todas las esquinas (incluidos algunos despachos de la calle Génova) sólo existía en su mente calenturienta.

La 'inestabilidad' se vuelve contra el PP

La consigna es aplicar el pacto regional en cascada, lo que equivale a desalojar al PP de las instituciones donde el PSOE y Coalición Canaria sumen lo suficiente. Y la operación se ha retomado empezado por la isla de Lanzarote, donde hasta mucho había durado la siempre frágil estabilidad de sus instituciones. En el Cabildo, donde un empecinado Pedro San Ginés se resistía al pacto con los socialistas por su animadversión personal contra Carlos Espino, Coalición ha acabado por desalojar con cajas destempladas al PP de Astrid Pérez, que no tardó mucho en responder con la misma áspera ventolera. Se acusan mutuamente de alta traición, cuando lo que en realidad ha ocurrido es que las largas y parsimoniosas negociaciones entre Paulino Rivero y José Miguel Pérez empiezan a dar sus frutos. De Astrid Pérez, dicho sea de paso, no cabía esperar grandes gestos políticos en momentos clave como estos porque, como le ocurre a su homóloga majorera, Águeda Montelongo, ha mamado tanta mala baba soriana, que ambas han acabado por contagiarse de las peores muecas políticas de su presidente regional. De él se han creído, entre otros sofismas, que el pacto entre el PSOE y Coalición Canaria estaba en crisis. Y producto de esa supuesta crisis es, cómo no, que el PSOE desplaza del poder al PP en el Cabildo de Lanzarote, luego lo hará en el Ayuntamiento de Teguise, la semana que viene en el de Arrecife… La única presidenta insular del PP que gozaba de poder institucional ha pasado de buenas a primeras a la bancada de la oposición. Y cuidado, que de la bancada al banquillo, sobre todo si se han tocado los Centros de Arte y Cultura del Cabildo, parece que no va más que un pasito.

Bravo y Cardona, solos ante el poder

La nueva deriva política iniciada este miércoles en Lanzarote no sólo demuestra la falsedad de los que hablaban de un acuerdo bajo la mesa entre el PSOE y el PP para desalojar a Paulino Rivero de la presidencia regional de Canarias, sino que refuerzan la posición de José Miguel Pérez como un negociador paciente y discreto que no ha esperado al congreso regional de su partido para convencer a los suyos de retomar la senda del llamado pacto en cascada. Muy al contrario, es posible que este gesto político pueda incluso reforzarle de cara al congreso en el que algunos quieren poner en entredicho su liderazgo sin que, hasta el momento, se conozca el nombre de algún secretario general alternativo. Tampoco le viene mal a Paulino Rivero este requiebro que, aunque parezca de rango menor, satisface a sus bases al colocar en la oposición a un partido que, desde que gobierna en España, no ha hecho otra cosa que dañar y humillar a Canarias y al Gobierno que preside Coalición Canaria. No es baladí que la expulsión del PP de las instituciones haya empezado por Lanzarote, donde no hace muchos días salió escaldado José Manuel Soria y donde crece de modo exponencial la contestación ciudadana ante el desprecio con el que se están gestionando los nuevos permisos para las prospecciones petrolíferas. Nunca el partido de Mariano Rajoy había obtenido tan buenos resultados para al final volver a quedar recluido al poder local exclusivamente en Gran Canaria, su feudo tradicional. Dos críticos muy críticos de Soria, como Cardona y Bravo de Laguna, sosteniendo en solitario el estandarte institucional del PP canario. Le tiene que estar dando grima.

Mientras, al otro lado de Canarias

Mientras en Lanzarote Coalición Canaria le hacía un siete al PP, en Tenerife se recolocan las fuerzas internas de los conservadores tras la sorpresa de la continuidad de Cristina Tavío en el Comité Ejecutivo Nacional. Prietas las filas, nadie equipara ese gesto de Soria y Rajoy a un espaldarazo a la presidenta insular para que renueve en el próximo congreso. Ni siquiera lo hace, aún henchido de euforia, su más seguro servidor y verdugo, Antonio Alarcó, que evita pronunciarse sobre la cuestión con ese tacto tan caballeroso que le caracteriza. En una memorable entrevista concedida el lunes a Cope Tenerife, el senador despeja a córner todas las preguntas del periodista con el latiguillo "ahora toca hablar del congreso regional", para el que sólo ve un líder indiscutible y más sólido que una roca, José Manuel Soria, de quien Alarcó dice sentirse orgulloso porque lo "adorna con su amistad". De Soria sólo se le escuchan a Alarcó alabanzas y jaculatorias, sobre todo cuando se adentra en definir el poder que disfruta el PP por primera vez en su larga historia. Pero cuando se le pregunta por el hipotético caso de que sea llamado a sustituir a Cristina Tavío, el senador se pone humilde y se deshace en elogios -siempre en tiempo pasado- a los logros alcanzados por la actual presidenta insular. Tras negar estar en esa carrera, emplea frases muy reveladoras: "No tenemos que disputar nada, estará [de presidente insular] el que tenga que estar, el que sea más conveniente (...) [el que responda a] una decisión tomada por el bien del partido". Ni un solo desmentido a las directas preguntas sobre su más que posible candidatura. Es posible que Soria aún no le ha dicho nada y no quiere cogerse los dedos.

Un ofendido Pérez que va camino de CC

Resultan lastimosas esas promesas de Tavío realizadas en un entorno en el que aún se cuenta con sorna lo que les ocurrió a Rafael Becerra y a José Francisco Pérez, concejal de Deportes en La Laguna entre 2003 y 2007. Ambos compitieron de manera cruenta por el primer puesto en la lista a las locales de 2007 en una pugna que acabaron resolviendo los órganos regionales en favor del primero. Pero en aquel pulso hubo un momento en que intervino Cristina Tavío tratando de hacer comprender a Pérez que debía retirarse, para lo cual le prometió un puesto en la lista al Cabildo de Tenerife. La promesa fue incumplida y, acto seguido, sustituida por la de hacerlo director general del Gobierno que en aquellas fechas de 2007, constituyó Coalición Canaria con el PP. La segunda promesa también fue incumplida, y en estos momentos Juan Francisco Pérez está más cerca de CC que de su partido de siempre. Ahora, tanto tiempo después, Becerra, en compañía de Claudio García del Castillo (ex presidente del partido en La Laguna) y de Juan Martínez Torvisco, un veterano de la política en la segunda ciudad de la isla, conforman un núcleo alternativo que pone de los nervios a la presidenta insular. No olvida Tavío que ambos ganaron en 2008 las votaciones preparatorias de aquel congreso insular de Adeje que ganó frente al redivivo Ángel Llanos.

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