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25 febrero, 2012

Cardona vuelve a avergonzar a los suyos

Juan José Cardona, alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, sigue empeñado en perder oportunidades. Goza de una holgada mayoría absoluta en un partido monolítico donde nadie quiere incordiar, donde el aplauso unánime es la constante, donde todo el mundo está quieto para no salirse de la foto ni del marco. Ha llegado a la alcaldía en un momento difícil, es verdad, y esa dificultad le será tenida siempre en cuenta a la hora de evaluar las promesas económicas incumplidas, los recortes más o menos afortunados, los descartes, las renuncias o la elección del camino más adecuado en cada momento. Solo tiene que centrarse, oír, dialogar, repartir juego y decidir en conciencia. Meterse en líos innecesarios solo va a hacer que se evapore cualquier posibilidad de excusarle por los naturales errores de cualquier político con una pizca de humildad. Y Cardona no hace otra cosa que meterse en líos innecesarios, en mostrar su peor cara política, la de un dirigente crispado, agreste, agresivo y sectario. Este viernes, en el pleno del Ayuntamiento volvió a hacerlo, y ya sonroja a más de uno de los suyos.

Eligió la peor de las opciones

Un alcalde que es capaz de encajar y administrar con prudencia las criticas de la oposición consigue casi siempre que éstas pasen inadvertidas para los medios de comunicación y para los ciudadanos. Hoy mismo apenas habría sido noticia el pleno municipal en el que resultaron aprobados los primeros prepuestos del nuevo gobierno del PP. El PSOE y el resto de la oposición no han parado de criticarlos desde que los conocieron, lo que debería haber provocado en el alcalde y su equipo dos posibles tipos de reacción: asumir como naturales las criticas o negociar y corregir aquellas cuestiones que en un debate sosegado y democrático puedan aportar los demás grupos políticos. Pero Cardona optó legítimamente por despreciar las opiniones de la oposición, añadiendo de su cosecha el ramalazo agrio e innecesario. En medio del debate, el alcalde terció este viernes para descargar su furia contra los concejales socialistas con descalificaciones muy ofensivas del tipo "fracasados" que "nadie los quiere", "jaula de grillos", "deslegitimados"... Y todo por no compartir sus criticas a los presupuestos, formuladas todas ellas sin rebasar los límites de la buena educación y el fair play.

Navarro y sus alumnos de Penal

La malcriadez de Cardona solo puede ser superada por su torpeza. Porque acusar al PSOE de fracasado por haber pasado en 2011 de una mayoría absoluta a la fría oposición es recordar lo que le ocurrió a su propio partido en 2007, y lo que muy probablemente le ocurra a él como no cambie su actitud y sustituya la altanería y el revanchismo por mano izquierda y un poco de humildad. Sus excesos los tuvo que pagar quien no tenía culpa, Ángel Sabroso, a quien se dirigió la socialista Isabel Mena pidiendo la venia para hablar con quien, en desafortunada definición del alcalde, también debe ser un fracasado: formó parte del gobierno de Pepa Luzardo que perdió en 2007. También lo acorraló bien el portavoz, Sebastián Franquis, al destapar el tarro de las esencias y, puestos a mirar hacia atrás con ira, restregarle en las narices asuntos propios como La Favorita, el Canódromo o el Plan General, que ha costado en sentencias judiciales más de 70 millones de euros. Pero quien le hizo un traje a la medida a Juan José Cardona fue el también socialista Fernando Navarro: "En algo me diferencio de usted, que va a sitios a los que yo llevo a mis alumnos a hacer prácticas". Navarro es profesor de Derecho Penal, como luego recalcó muy resentido el propio Cardona, imputado por el caso Canódromo. Sus remache fue de taberna: "Tenga cuidado con lo que dice por si se va a tener que tragar sus palabras". De mal en peor.

Quintanilla, imposición de Claudio

Claudio guión Alberto Rivero se ha convertido en el cargo con mayor mando en plaza -tras el alcalde- en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. Desplazada hacia la plaza de la Feria Mari Carmen Hernández Bento, secante puesta allí por Soria para que vigilara la forma de andar de la perrita, Cardona quedó con las manos libres para llevarse al consistorio a su buen amigo y convertirlo en director de gobierno de Presidencia, Recursos Humanos y Seguridad, desplazando en autoridad incluso al primer teniente de alcalde, Ángel Sabroso. Es tan evidente el poder de Rivero que en los plenos se sienta por delante de los demás concejales, en clara visualización de que es el número dos. Su llegada a las Oficinas Municipales vino acompañada por su inseparable Miguel Quintanilla, a quien hizo director general de Organización y Nuevas Tecnología en sustitución del desaparecido Jacinto Brito, una plaza que el alcalde en realidad quería convertir en dirección de Asuntos Sociales, con el éxito ahora comprobado. El resultado final es que Cardona ya iguala en cargos, treinta, a Saavedra, al que tanto criticó; la concejala de Asuntos Sociales pasa a cobrar como mera figura decorativa; Claudio guión se hace con el poder gracias a su amistad con el alcalde, y por amistad impone a Miguel Quintanilla, cuya presencia obliga al alcalde a crear una dirección general destinada a un área que ha sufrido los más dramáticos e injustos recortes. Y esto no ha hecho más que empezar.

 

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