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14 diciembre, 2010

Así mangonea 'El Mundo'

Soy un privilegiado, por llamar de alguna manera a esta posición en la que me ha colocado el periódico El Mundo. Como al paciente al que se le induce un coma para poder curarle, no parece que haya mejor manera de descubrir cómo actúa ese periódico que siendo víctima de sus propias artes, conocer por dentro cómo se maneja, cómo miente con descaro, cómo transforma en aparente realidad lo que no son más que falsedades.

Claro que para que no faltara ni un solo ingrediente truculento, al sainete que presencio en un lugar tan privilegiado se sumó desde el principio como instigador principal uno de los personajes que mejor conozco, el político al que he descubierto mayor número de mentiras a lo largo de casi 30 años de ejercicio del periodismo. Mentiras pronunciadas  en los juzgados o en las comisiones parlamentarias de investigación, en los medios de comunicación o en cualquier mitin. Se llama José Manuel Soria López y es el presidente del PP canario.

Porque, efectivamente, por históricas deudas morales del El Mundo con este indeseable personaje, que ha financiado a ese diario con dinero de los contribuyentes canarios a través de inútiles y sospechosas campañas publicitarias, el periódico de Pedrojota Ramírez ha abrazado como propia una más de sus increíbles teorías de la conspiración contra las cándidas almas del PP, esas ursulinas descalzas que no han hecho otra cosa que saquear las arcas públicas desde que tocaron el poder.

Asidos a una verdad incuestionable, que escribí la denuncia del caso salmón en un ordenador doméstico que perteneció a una juez en activo, el periódico más fabulador de la historia de España ha construído una gran mentira con la que trata de levantar en torno al PP un escudo protector contra cualquier investigación por corrupción presente o futura. De nada ha servido que los acusados, en una aplicación salvaje de la prueba diabólica, hayamos sido los obligados a demostrar que las acusaciones eran falsas; de nada ha servido el desmentido formal e inmediato, ni siquiera que, con documentos en la mano, todos ellos con sus sellos de entrada en sede judicial, quedara probado en el minuto uno que la denuncia del caso salmón no fue redactada por esa juez, sino por mí, el periodista que investigó el comportamiento de Soria en este asunto desde que lo descubrí en Noruega pescando salmón el mes de agosto de 2005. El periodista que más sabe en España de las trapisondas de este sujeto.

No cabía esperar más que mentiras solemnemente expuestas al confluir en el asunto personajes como José Manuel Soria, el periódico El Mundo y el periodista que ese diario destaca siempre que es necesario montar un tremendo follón con medias verdades, infamias y bajezas. Fernando Lázaro, especialista en pedrojotismo, es el reportero de las teorías más insultantes y enfangadas en torno al 11-M, lo que le ha valido encendidísimos reconocimientos y premios financiados con dinero público a través de la Asociación de Víctimas del Terrotismo, del impagable (porque ya no se le puede pagar más) Francisco José Alcaráz.

A Lázaro lo hemos podido retratar todos los españoles cuando la Policía detectó una conversación suya con un agente desleal y poco honrado que le filtraba aspectos de la llamada operación Faysán, conversación en la que queda perfectamente explicado cómo el director de El Mundo obliga a Mariano Rajoy, el jefe de Soria, a entrar en esa trama reclamando explicaciones en el Congreso de los Diputados.

Lo mismo que han pretendido reclamar aquí, miren qué cosas: el presidente de un partido que quiere gobernar España anunciando en Lanzarote que iba a pedir explicaciones al Gobierno por el comportamiento de una juez contra la que no tenía ni una sola prueba que empañara su intachable comportamiento. Por supuesto que ni lo ha pedido ni lo pedirá, porque a pesar de sus notables y sonrojantes torpezas, Rajoy debe saber algo de la separación de poderes y de que no por mucho mentir se llega antes a La Moncloa (ver 11-M).

El tal Lázaro, auxiliado en las bandas por tan fiable fuente como es José Manuel Soria, ha llegado a invertir por completo un acuerdo de la Sala de Gobierno del Tribunal Superior de Justicia de Canarias. Y donde se decía que se enviaban al Poder Judicial las quejas de la magistrada Victoria Rosell por las sospechas de vulnerabilidad del sistema informático de Justicia de Canarias, el periodista de El Mundo escribió que se le expedientaba por falta "grave". Donde se manifestaba que se enviaban al Poder Judicial las quejas de la juez por los ataques que está recibiendo, se publica en ese panfleto que se le denegó todo por tratarse de "algo personal". Y no contento con tales retruécanos, el periodista llega a afirmar que la juez intentó sin éxito entrar en esa reunión de los jueces isleños, lo que niega la interesada y negarían si se les preguntara todos los miembros de la Sala de Gobierno. Todos menos Soria, que se inventó tal machangada con el fin de adornarle un poco más la crónica al periodista amigo.

Ante este panorama, bueno es recordar por qué el presidente del PP canario asume este papel de penoso reportero del diario El Mundo: quiere que la juez Rosell quede invalidada para  investigar los casos de corrupción que aquejan gravemente a ese partido en las Islas. De momento, la magistrada investiga una causa cercana al último escándalo de los conservadores, la adjudicación por 124,7 millones de euros de un concurso de hemodiálisis a una empresa inmobiliaria a la que el mismísimo Soria propició un tremendo pelozato urbanístico de 9 millones de euros en 2000, cuando la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria sufrió su funesta alcaldía.

De momento, los periodistas sabemos más del caso Lifeblood, la empresa adjudicataria (por cierto, comprada en el mismo vivero de mercantiles de donde salieron algunas del caso Gürtel), que los jueces y fiscales. De momento.