Páginas

20 octubre, 2010

De repente, las buenas noticias

Las buenas noticias a veces sí son noticias, contrariamente a lo sostenido por el aserto periodístico. Y esta semana ha venido cargada de buenas noticias. Porque es una buena noticia arrinconar a Rajoy en su frustrado soniquete del "márchese señor Zapatero", la majadería que instituyó Aznar contra Felipe González que hasta ha adoptado esa inepta de la política que es Pepa Luzardo, a la que se oyó decir el otro día lo mismo nada menos que a Jerónimo Saavedra. El mundo, al revés.

Que Rajoy tenga que aguantarse las ganas es para regocijarse, pero que ese frenazo a sus ansiedades venga de la mano de una crisis en el PP canario multiplica la satisfacción por dos. Los afiliados de ese partido en las Islas tienen motivos más que sobrados para estar satisfechos porque este 19 de octubre ha empezado definitivamente el postsorianismo.

José Manuel Soria, probablemente movido por su deseo de quedar bien con su líder nacional, hizo caso a las cuitas de Génova y rompió su pacto con Coalición Canaria sin medir ninguna de sus consecuencias, empezando por la inestabilidad insuflada a la gobernabilidad de Canarias, algo que hacía tiempo que le venía importando exactamente una higa.

Pero, además, no ha medido la dificultad que entraña poder volver a pactar con CC en el verano de 2011 si, tal y como se ha firmado entre el PSOE y los nacionalistas canarios, éstos seguirán apoyando a Zapatero hasta el final de legislatura, el pecado de lesa patria en el que Soria ha justificado públicamente su ruptura.

Y, lo aparentemente más anecdótico: Soria acomete su primera campaña electoral desde la oposición, con casi todo en contra, incluidos los apoyos que un día fueron inquebrantables en periódicos como Canarias7, enfrentados de momento al líder popular por unos cuantos platos de lentejas de menos. Sólo cuenta con la ola nacional del PP, que es la que es y durará lo que dure la crisis económica y lo que tarde Zapatero en demostrar que su crisis de gobierno de este mismo miércoles (otra buena noticia) servirá para dar la vuelta a las encuentas.

La última noticia que me ha alegrado este miércoles, 20 de octubre, ha sido la confirmación de que Soria se va a tener que tragar una a una todas las palabras, todos los insultos, todas las insidias que soltó contra mi periódico, contra la Policía y contra personas más honradas que él acerca de aquel invento del Soriagate. Llegó a gastar dinero del Gobierno de Canarias para que una revista ultra, Época, publicara un reportaje falaz en el que nos implicaba a todos en un supuesto "Gal canario" que tenía como objetivo involucrar a algunas almas cándidas del PP en casos de sonada y asquerosa corrupción.

10 octubre, 2010

En la muerte de un hombre-presidente

Lo más socorrido (y seguramente cierto) es decir que Adán Martín fue un buen presidente de Canarias, un hombre muy trabajador, un maniático de la planificación y un tecnócrata de buena fe. Que defendió a esta tierra de la manera que él creyó mejor, con sus luces y sus sombras, y a través del partido político que ayudó a crear, ATI.

Los periódicos rebosan crónicas, esquelas, encendidos elogios, gruesos obituarios... sobre la trayectoria política y vital de este presidente que se nos acaba de morir víctima de un cáncer linfático contra el que luchó a brazo partido durante muchos años. Y la unanimidad se ha extendido por todos los rincones de las islas.

Callan (y si no callan son capaces ahora de los más hipócritas hipidos) los que durante tanto tiempo dijeron de él cosas escabrosas e injustas, los que lo colocaron como un desalmado sin escrúpulos con acusaciones jamás demostradas, seguramente jamás ciertas.

Nunca tuve con Adán Martín un trato especial, nada más allá de la cordialidad con la que, me consta, trataba a todo el mundo. Hablé más veces con él cuando dejó la primera línea de fuego que cuando iba de aquí para allá llegando tarde a todos sitios.

Siempre opiné que no fue un buen presidente del Gobierno, pero en estos momentos tan especiales de la despedida no pienso en él como el mandatario atinado o errado, sino como el hombre que se marcha, el padre, el hermano, el marido, el ex marido, el amigo que deja atrás una vida de 67 años.

Y le digo adiós al hombre y al hombre-presidente en el convencimiento (absolutamente atrevido por infundado) de que se fue con la certeza de haberlo hecho bien. Con eso basta.