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12 mayo, 2010

¿Putear a Garzón?: misión cumplida



No es la primera vez en este obsceno proceso a Garzón que Margarita Robles toma la iniciativa en favor del magistrado Luciano Varela. Lo hizo en abril pasado, cuando su amigo del alma la llamó para pedirle que el Consejo General del Poder Judicial emitiera una nota de desagravio ante aquel acto (aquelarre, lo llamó la derecha) de la Complutense.

La señora Robles, que comparte con Varela un odio indisimulable contra Garzón, consiguió incluso interrumpir el almuerzo institucional en el que se encontraba el consejo (era en Granada, pero podía haber sido en cualquier parte del mundo, que para eso hay sobrada pólvora del Rey) para emitir un comunicado que causó el estupor de muchos de sus compañeros. Pero había que putear a Garzón, y ante ese afán no caben medias tintas ni protocolo de cuchipandas.

El segundo episodio público de esta persecución implacable lo protagonizó el Consejo este mismo miércoles anunciando que el pleno del órgano de gobierno de los jueces se reuniría 48 horas después para separar a Garzón cautelarmente, una vez han sabido que Varela ha acabado con su parte del trabajo y ha dictado apertura de juicio oral contra el magistrado de la Audiencia Nacional.

Tanta celeridad también tiene su ánimus jodiendi. La noticia de que Garzón podía ocupar plaza en el Tribunal Penal Internacional de La Haya era un inconveniente y había que frustrarle esa posibilidad.  Era preciso separarlo de la carrera antes de que se le autorizara ese traslado y obligarlo, en tal caso, a pedir una excedencia, con lo que perdería aforamiento y escalafón en la carrera judicial.

Alguien debería preguntar qué opina de esa celeridad el presidente del TSJ de Cantabria, instructor del expediente disciplinario de José Antonio Martín, que a punto estuvo de verlo caducar por una prórroga de tres meses dictaminada por el Consejo, sabedor de la inminente jubilación del magistrado canario.

El pleno del Poder Judicial tardó tres meses en reunirse tras hacerse pública la sentencia del Supremo que lo absolvió y que daba por terminado el proceso penal, que suspendía la acción disciplinaria contra Martín. La sentencia tardó exactamente un mes en atravesar los metros que separan el Supremo del CGPJ, la misma distancia que aún no ha recorrido el auto de Varela sentando a Garzón en el banquillo. Pero había que putear a Garzón, y debe haber valido un despacho de agencias.

Pero nada podía haber hecho la magistrada progresista Margarita Robles ni la corte de aduladores de izquierda y derecha que le hace los coros en el Poder Judicial sin el inestimable concurso de ese juez llamado Luciano Varela, que no ha disimulado jamás sus deseos de sentar en el banquillo al polémico Garzón por haber investigado los crímenes del franquismo. Len ha dado igual a Varela las críticas de su cooperación con los querellantes, los fascistas de Manos Limpias; o contradecir al Ministerio Fiscal y a colegas de la Audiencia Nacional en varias ocasiones, y hasta discrepar de doctrinas del propio Tribunal Supremo, que sostiene que no se puede mantener una acusación contra nadie con la sola presencia en el proceso de la acusación popular. La famosa doctrina Botín, que además de salvar al presidente del Santander, libró a José María Atutxa.

Porque no hay fiscal que acuse a Garzón. Del mismo modo que, salvo Varela y Robles, no hay jurista serio en España que sostenga que ese juez pudo cometer prevaricación por una actuación profesional que a lo único que puede someterse es al debate jurídico, penalizado desde ahora por estos dos astros de la Judicatura y por un presunto sindicato ultraderechista que este miércoles hablaba de “una victoria del Estado de Derecho”.

Algo bueno han conseguido Varela y Robles: que los fascistas hablen bien de este invento. Y de ellos, ¡qué honor!

1 comentario:

  1. Qué pena, penita, peeebebena... que desolación, Carlos... ni un comenario, ni una réplica, ni una palmadita en la chepa.... naaaaaada de naaaaaada. Debe ser triste escribir (clamar) en el desierto. Yo, que te aprecio, que te valoro en tu justa (justita) medida, me solidarizo contigo, te acompaño en tu soledad, te aplaudo en tu depresiva falta de cariño. ¿Ves como todo era oropel, amigos de ocasión, trincones advenedizos? ¿Ves como esos banquetes pantagruelicos que ahora acusa tu físico en dos o más michelines coaxiales no eran más que puro teatro, mero juego de apareamiento para obtener tus favores? Velay, amigo, velay...

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