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31 marzo, 2010

Paradoja eólica

Parece que tenía razón José Manuel Soria cuando lanzó aquella bravuconada dirigida a los que criticamos aquel exceso de la bandera que mandó instalar en la plaza del Fuero de Gran Canaria, más conocida como Fuente Luminosa: “Se la van a tener que tragar”.

La frase fue pronunciada en momentos de gloria para el que entonces era presidente del Cabildo de Gran Canaria. La casi totalidad de los medios de comunicación le rendían tributo por una cosa o por otra, y con el invento de la bandera había conseguido erigir en pleno centro de Las Palmas un símbolo de defensa de la Isla frente a la agresión más cercana, la del Gobierno de Canarias de la que hoy forma parte y desde el que él personalmente se ocupa ahora de dirigir la agresión en forma de descarada discriminación sectaria.

La gente le aplaudía la hazaña, aún a sabiendas de que el invento había costado la nada desdeñable cantidad de 360.000 euros, a lo que había que sumar el coste y el mantenimiento de la bandera, instalada contraviniendo los informes técnicos, que aún hoy la desaconsejan por motivos de seguridad (vaya, aquí sí parecen claros los “motivos de seguridad”).

No nos vamos a tragar la bandera con todos sus aditamentos, pero sí el mástil, precisamente gracias al mismo político excesivo que con su participación directa e indirecta contribuyó a que se frustrara y a que apestara aquel concurso eólico que echó por tierra las expectativas de una energía limpia y alternativa para la isla.

Los dos pequeños aerogeneradores que el Ayuntamiento anuncia que va a colgar de ese homenaje a la megalomanía van a servir al menos para dar ejemplo ambiental y para ahorrar unos euros a la institución que dejó arruinada para varios mandatos.

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