Páginas

25 marzo, 2010

En caso de duda, en favor del PP

Rosendo Naseiro dio nombre, en 1989, al primer caso de escuchas telefónicas a miembros del PP sorprendidos en plena faena. Un juez de instrucción de Valencia investigaba un caso de narcotráfico y ordenó el pinchazo de varios teléfonos, entre ellos el del diputado por Valencia Salvador Palop, hermano de un presunto narcotraficante. Lo que se escuchó por aquel entonces fue extraordinarmanete premonitorio de lo que, tiempo después, hemos ido viendo en la política española, especialmente en el PP valenciano.

Entre otras conversaciones, la Policía y el juez pudieron captar una de Palop con Eduardo Zaplana en la que, directamente, se hablaba de “comisiones bajo mano”, de forrarse con la política y de indecencias varias, al tiempo que se detectaba, a través del mentado Naseiro, una presunta financiación ilegal del PP de José María Aznar, por entonces gran valor en alza.

Las escuchas fueron recurridas por el PP, y el Supremo las anuló todas con expresas órdenes de destruirlas por completo, no fuera a ser que, años después, veinte en concreto, fueran a ponerse en relación con otro caso de financiación ilegal del mismo partido y desde la misma Comunidad Autónoma, con epicentro en la sede central de la calle Génova.

Tiene el PP la suerte de contar con la Justicia, que en caso de duda siempre falla a su favor. En el caso Naseiro fue el Supremo el que dijo que una cosa es investigar una trama de narcotráfico y otra mezclarla con la financiación ilegal de un partido político y las inmundicias de sus miembros, algunos de los cuales fueron posteriormente ministros del Reino.

Ahora ha tocado el turno al Tribunal Superior de Justicia de Madrid, cuya Sala de lo Civil y Penal ha sido capaz de contradecir a uno de los suyos, el instructor del caso Gürtel, el magistrado Pedreira, y al Ministerio Fiscal, y ha decidido anular todas y cada una de las conversaciones intervenidas a los abogados de los imputados mientras departían con sus clientes en prisión sobre la manera de esconder las decenas de millones saqueados mediante esta trama de corrupción.

Ahora toca desactivar la bomba de Gürtell, y de paso, desprestigiar al juez que ordenó las escuchas, Baltasar Garzón, para que los demás miembros de la Judicatura se palpen la toga antes de volver a pensar en investigar al PP. En 1989 le correspondió ese honor a otro juez atrevido, Luis Manglano, que pese a ser uno de los magistrados más capaces de Valencia, jamás prosperó en la carrera por haberse atrevido con el PP.

No hay comentarios:

Publicar un comentario