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24 enero, 2010

Los abusos, según Manuel Fernández

La verdad es que me resulta complicadísimo ponerme a escribir para explicar cosas que creía absolutamente asumidas. Pero al leer unas declaraciones de Manuel Fernández, secretario general del PP canario, he vuelto a sorprenderme del infame nivel que tiene la política canaria.

Este señor, Fernández, es diputado regional. Para el que no lo conozca, les diré que es herreño, de El Pinar, la misma patria de Eligio Hernández. Lleva en la política canaria prácticamente desde que regresó de Noruega, donde hizo fortuna de la mano del empresario Björn Lyng, del que fue mano derecha hasta su fallecimiento.

Nunca le asaltó el menor dilema moral para compatibilizar su trabajo como consejero de Anfi del Mar con las tareas de consejero de Industria o diputado regional del PP, lo que actualmente debería causarle ciertos contratiempos si se aplicara en sus carnes el código ético de su partido, el que puso sobre la mesa este sábado para advertir a los desalmados que pretenda forrarse a su costa que busquen otro echadero, que allí no va a poder ser.

Pero además de las contradicciones peperas de cada día (cuando no es la corrupción son los trasvases de agua, los inmigrantes o la seguridad nacional) lo más inconcebible que dijo este sábado pasado Manolo Fernández fue que no había derecho a que a su Manolo Soria lo anden condenando con tanta asiduidad a pagar las costas judiciales de los pleitos que él plantea por injurias y calumnias.

Se quejó el herreño de que, en esas sentencias contra su presidente regional se anteponga la libertad de expresión al derecho al honor y a la propia imagen del querellante, quien, por cierto, en todos los casos pide cuantiosas multas y penas de cárcel. Y dijo algo más preocupante: Que “desafortunadamente” se están invirtiendo los términos y se condena a pagar las costas judiciales “a los que no ofenden, los que no desprestigian a las personas y tratan de defenderse de que cualquiera pueda insultar y faltar el respeto”.

Y es ahí cuando cabe rebelarse contra don Manuel y su versión de los hechos. Porque los términos se invierten cuando el vicepresidente del Gobierno lleva a un ciudadano ante los tribunales por exponer libremente ante el Parlamento cómo fue la trama eólica en un relato que a los jueces de la Justicia real ha parecido absolutamente creíble.

Se invierten los términos cuando, en lugar de sentarse en el banquillo el señor Soria para responder por este asunto eólico y otros de igual o mayor calado, son acusados los que denuncian sus trapisondas.

Se invierten los términos cuando un partido serio como el PP mantiene a persona tan indecente a su frente, le ríe la gracia y hasta lo defiende en acciones tan penosas como ésta.

Porque el que ofende cada día a los ciudadanos de esta tierra y a su inteligencia es precisamente el personaje en cuestión por una larga serie de actuaciones, comportamientos, trapisondas y tropelías que se haría demasiado prolijo enumerar aquí y ahora.

Qué difícil es creer en estos políticos que creen que nos representan.

13 enero, 2010

El mentiroso vertiginoso

Es humanamente imposible meter tantas mentiras en 59 segundos. O lo era hasta la noche de este martes en que los telespectadores de Televisión Española en Canarias pudimos comprobar que hay un especímen en este mundo capaz de comprimir en tan escaso margen de tiempo tantas falacias y tantas fantasmadas. Embutido en un jersey de pico color granate sobre camisa rosa, José Manuel Soria se presentó en el plató de 59 Segundos a cubrir uno de sus expedientes favoritos: mentir con solemnidad y parsimonia para que todo parezca verdad.

Fue de tal el caudal de engaños que soltó Soria de manera tan vertiginosa que hizo complicadísimo seguirle y tomar notas simultáneamente. Midió adecuadamente sus tiempos, torció las preguntas y las respuestas para llevarlas permamentemente a sus ascuas y pontificó como sólo este político es capaz de hacer sobre las corruptelas de las demás, que son comportamientos naturales y admisibles para él mismo.

Decir que el código ético de su partido admitiría a día de hoy una trapisonda como el viaje del salmón equivale a confirmar que esa iniciativa del PP es un nuevo engaño y que sus dirigentes lo reconocen abiertamente.

Decir que el Gobierno del que es vicepresidente y consejero de Economía y Hacienda ha adoptado medidas para amortiguar los efectos de la crisis, es reconocer que no ha acertado ni una, como atestiguan las cifras. Miente Soria cuando dice que los presupuestos han activado medidas financieras para ayudar a las pymes, porque esas medidas, incluidas en 2009, no se pudieron aplicar por irregulares y han sido aplazadas a 2010, quizás con igual éxito.

Decir que se han reducido las listas de espera sanitarias y que han mejorado los servicios en la sanidad pública es insultar a los miles de canarios que sufren el deterioro y a los familiares que entierran a los suyos y aún hoy siguen esperando que les llamen para una intervención quirúrgica o una prueba diagnóstica. Por no contar a los que se dejan la vida a las puertas de un centro de salud cerrado a cal y canto tras el recorte de servicios.

Decir que se puede pactar con corruputos confesos en Arrecife porque el PSOE estuvo gobernando con el PIL quince años es una doble mentira. Porque ni hubo jamás pacto así ni nadie hasta ahora se había atrevido en Canarias (ni probablemente en toda España) a recibir el voto de dos concejales en esas condiciones tan pordioseras.

09 enero, 2010

Soria, ese magnífico gestor

Sumen otros 75 millones de euros más. El actual vicepresidente del Gobierno de Canarias y consejero de Economía y Hacienda, José Manuel Soria, va camino de arruinar a la Comunidad Autónoma de Canarias y a todas las instituciones por las que ha pasado gracias a esa cualidad suya de magnífico gestor que aún se creen quienes le votan.

Esos nuevos 75 millones de euros se corresponden con el coste de la potabilizadora Las Palmas-Telde, que se encargó durante su mandato como alcalde de Las Palmas de Gran Canaria y que aún hoy sigue sin arrancarse porque es una planta absolutamente inviable e inasumible económicamente por la ciudad.

En el Ayuntamiento aseguran que fue un empeño personal de Soria que esa potabilizadora se fabricara para producir agua por compresión de vapor y no por ósmosis inversa, lo que significa que el agua que produzca, aún siendo de mejor calidad, costaría entre cuatro y seis veces más producirla. Y ello por el altísimo consumo de fuel que requiere, por lo que a la ineficiencia económica hay que sumar la siempre olvidada variable ambiental.

Pero, ¿por qué se empeñó Soria en que su correligionario Álvarez Cascos pagara desde el Ministerio de Fomento una planta potabilizadora que nadie recomendaba? La respuesta pasará a formar parte del arcano en que se terminan empotrando tantas y tantas decisiones del vicepresidente del Gobierno que generalmente acaban por costarnos un dineral a los contribuyentes.

Hagamos un poco de memoria: La Favorita, 12 millones de euros para un edificio con graves deficiencias que se compró mediante un pase con el empresario Santana Cazorla: Isolux: 8 millones de euros para unos módulos de desalación que ahora han empezado a funcionar parcialmente tras una nueva inversión en membranas y en bastidores; Canódromo: un pelotazo para una empresa inmobiliaria que hizo un vertiginoso pase para que una constructora adquiriera unos derechos sobre una licencia ilegal. Se estima un coste de 30 millones de euros en indemnizaciones. La bandera: 360.000 euros para un tributo megalómano de Soria mientras fue presidente del Cabildo. Sentencias por doquier: se estima en alrededor de 90 millones de euros el coste de las sentencias condenatorias que ya ha recibido el Ayuntamiento por recursos contra decisiones adoptadas sobre todo durante la etapa de Soria. Las expropiaciones incorrectas se llevan la palma.

Por no contar los escándalos en los que directamente se ha visto envuelto este magnífico gestor: el caso salmón, el caso chalet, siempre recibiendo dádivas a cambio de favores políticos. En el primer caso, la gestión prosperó, y el empresario dadivoso se llevó las camas turísticas que pretendía. En el segundo, de haber prosperado, el empresario amigo de Soria se habría quedado con un negocio eólico impresionante en el muelle de Arinaga.

Ahora, 75 millones más de los sufridos contribuyentes que se tiran por el sumidero gracias a las magníficas ideas de este inigualable gestor. Alguien, a ser posible el señor Soria, debería dar una explicación urgente, en lo que los funcionarios municipales pierden el miedo y cuentan qué fue lo que realmente pasó en aquellos años para que se hiciera todo esto que hizo Soria instalado en la más insultante impunidad.