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03 septiembre, 2009

No mentir, “primera obligación”



“La primera obligación de un dirigente político es decir la verdad”. Esta fue una de las solemnes frases pronunciadas por Mariano Rajoy en el acto de Sotomayor (Pontevedra) en el que dio por inaugurado el curso político. Y estoy totalmente de acuerdo con él.

Pero no tardó mucho el presidente del PP que propinar una sonora patada en la boca a tal obviedad. Ya incorporado a su despacho en Madrid, y cumpliendo uno de sus anuncios pontevedreses, Rajoy retomó con pasión la teoría de la persecución contra su partido. O quizás deberíamos decir contra los presuntos corruptos que cada día en mayor número afloran en su partido.

Asiéndose a una verdad parcial, Rajoy dijo que no hay nadie del PP condenado en firme por delitos relacionados con la corrupción. La afirmación no es falsa si ésta se limita a las fechas que interesan al líder de la oposición: nadie de su partido ha sufrido condena ratificada por el Supremo desde 2004 hasta la fecha. A lo que habría que añadir que en iguales circunstancias estarán, muy probablemente, todos los españoles que fueron acusados de delitos desde ese año y que tienen pendientes de casación sus sentencias condenatorias.

Una vez más el PP se adentra en un terreno resbaladizo esgrimiendo unos argumentos que sólo son asumidos a pies juntillas por sus más conspicuos seguidores. Nadie se cree a estas alturas que no haya habido alcaldes, concejales, diputados provinciales y hasta algún consejero del PP condenado por corrupción, y los periódicos nacionales desempolvan estos días truculentas listas que dejan en ridículo la nueva teoría marianista.

Pero aún en el caso de que las sentencias no sean firmes, las evidencias puestas sobre la mesa en casos como Andratx, lino, Gürtel, Faycán, Góndola, Palma Arena… apuntan a que el PP tiene un problema grave con la corrupción, y no solamente con la que persiguen jueces, fiscales y policías. Su problema es que el partido de don Mariano está plagado de chorizos y eso no lo remedia ninguna teoría sobre la conspiración.

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