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24 septiembre, 2009

Amordazar libertades



Hace unos días, en un encuentro on line con los lectores de CANARIAS AHORA, me preguntaron si tengo algo personal contra José Manuel Soria. Creo que contesté de una manera un tanto retórica, devolviendo al lector una pregunta para responder a la suya: ¿cómo puede sentirse un periodista, director de un periódico, frente a un político que tiene entre sus objetivos cerrar el periódico y meter a su director en la cárcel?

Creo que debí contestarle más sinceramente y reconocer que, evidentemente, tengo algo personal contra Soria: el deseo y la obligación de defenderme y de defender a mi periódico de unos ataques despiadados y antidemocráticos ejercidos desde el poder, con las herramientas del poder y utilizando para ello unos métodos que cada vez quedan más al descubierto.

La sentencia conocida este jueves por la que se me absuelve nuevamente de una de sus denuncias, en la que volvía a pedir para mí la máxima condena prevista en el Código Penal, dos años de cárcel y fuertes sumas de dinero de indemnización, viene a reflejar que el vicepresidente del Gobierno de Canarias intenta con estas acciones amordazar a la prensa crítica e impedir el libre ejercicio de la libertad de expresión y del derecho a la información.

Lo dice el juez en el último párrafo de la sentencia, un pasaje que es una importante (y ansiada) aportación a la libertad en una tierra donde padecemos un preocupante déficit democrático en esta y en otras materias: “Es necesario evitar que la acción penal pueda convertirse en una suerte de instrumento para amordazar dichas libertades [libertad de expresión y derecho a la información]“.

Hace unos días, en el 59 Segundosde Televisión Española, me ví en la obligación de salir en defensa de Juan Fernando López Aguilar cuando varios de mis compañeros de debate lo acribillaron tras afirmar que los medios de comunicación canarios están sometidos al Gobierno regional. Es una afirmación grave pero cierta, y no es un sometimiento basado exclusivamente en la existencia de fondos de reptiles, de prebendas en forma de TDT, concursos de Televisión Canaria, financiación atípica y campañas institucionales de dudosa rentabilidad comercial.

El sometimiento tiene también otros aspectos más sutiles que acaban en algo tan terrible como la autocensura. Muchos de mis compañeros sienten terror ante personajes como José Manuel Soria porque saben que puede ocurrirles lo que me viene ocurriendo a mí durante muchos años: querella y tentetieso. No lo critican, no lo censuran, no osan incomodarle en sus ruedas de prensa, no se quieren complicar la vida por temor a que el personaje se irrite y telefonee el dueño del periódico, radio o televisión pidiendo el despido del periodista. No exagero. Ha ocurrido.

En mi caso, en nuestro caso, hemos actuado libremente, publicando y denunciando comportamientos indignos, cuando no delictivos. Y Soria nos ha pasado su particular factura: La Favorita, Isolux, el caso Chalet… lo que nos ha obligado a un esfuerzo adicional, demostrar que todo lo que hemos publicado (incluyo La Favorita, por supuesto) ha sido verdad.

Luego puedes ganar el pleito y, como en este caso, resultar absuelto con expresa condena en costas al denunciante. Pero por el camino te vas dejando mucha piel, y como dice el juez Sotoca en su sentencia, sufrir los gastos y los desvelos inherentes a un proceso penal que sientes en ocasiones kafkiano: la verdad que demostramos en el juicio es la misma que expusimos el primer día ante el juez que instruyó la causa y nos mandó al banquillo.

Eso es lo que quiere Soria, que el que critica y denuncia su comportamiento de pésimo político lo pase realmente mal y, si puede, inferirle un daño económico tan importante que acabe desapareciendo de la escena periodística. Su histrionismo, su desfachatez y las influencias que sigue teniendo en sectores de la Judicatura le han sido propicios en muchos momentos.

Pero la verdad es inapelable y termina abriéndose paso.

Los que nunca le hemos tenido miedo no somos héroes, sencillamente unos cuantos periodistas (todos los que trabajan en CANARIAS AHORA lo son y de los grandes) que amamos nuestra profesión para ejecerla en libertad.

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