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12 agosto, 2009

Será que ellos lo hacen



Ni una sola prueba sostenible, ni un indicio que pueda conducir a una investigación medianamente seria. Con un palo y un fonil, el Partido Popular se ha presentado ante la opinión pública española denunciando que es víctima de una persecución de tal calibre que hasta se están violando los derechos fundamentales de sus dirigentes en constantes y flagrantes transgresiones de la Ley. No han presentado prueba alguna porque, por vergüenza ajena, nadie debería tener en consideración las boberías que ha soltado en Onda Cero el coordinador de Justicia de ese partido, Federico Trillo. Sí, Trillo, el que tantas cosas se inventó para tapar sus propias miserias en el caso del Yak 42.

La proclamación solemne de que el Gobierno socialista graba ilegalmente las conversaciones de los dirigentes del PP sólo podría sostenerse con pruebas y la correspondiente denuncia ante los tribunales. En ausencia de ambas cosas, sólo cabe una terrible explicación: el PP ha hecho en el pasado lo que denuncia y sabe cómo hacerlo para el futuro.

Las pocas oportunidades que ha tenido para hacerlo desde que está fuera del Gobierno las ha sabido aprovechar para demostrar que el partido del espionaje es el PP, y no cualquier otro.

Espía en Madrid, con cargo a los presupuestos públicos, y lo hace en las personas de sus propios correligionarios.

Lo hace en Canarias, donde todo un vicepresidente del Gobierno se dedica a grabar una conversación privada con un testigo de cargo para que tuerza su declaración ante la Policía y el juez.

Lo hace la ex alcaldesa de la principal ciudad de Canarias, que manda a dos propias a grabar en vídeo un almuerzo entre un gerente de una empresa pública y los representantes de una empresa privada.

Y lo hizo un concejal del PP, José Luis Peñas, que grabó multitud de conversaciones entre compañeros suyos y el jefe de la trama de Gürtel, Francisco Correa, que dieron lugar al escándalo que tiene a ese partido sumido en la más penosa desesperación.

El PP vuelve a meterse en el mismo laberinto en que se metió cuando dijo, el 11-M, que aquello fue obra de ETA. Lo mantuvo durante cuatro años. A ver cuánto les dura esta nueva batallita.

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