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25 agosto, 2009

Si no fuera por Ben Magec



Hace unos pocos años, las fuerzas vivas de Tenerife convocaron a un almuerzo a los directores de los principales medios de comunicación de Canarias. El encuentro fue en el Mencey y a él fui invitado por las buenas relaciones que siempre hemos procurado mantener con la Cámara de Comercio tinerfeña, a pesar de las notables diferencias que respetuosamente hemos sostenido en público y en privado.

El objeto de aquel encuentro, al que no faltaron los grandes prohombres del tinerfeñismo, incluido José Rodríguez Ramírez, director y editor de El Día, era convencer a los medios de la necesidad de hacer causa común con los cuatro grandes proyectos que ellos consideraban imprescindibles para la isla de Tenerife: el cierre del anillo insular de carreteras, el tendido eléctrico del Sur, el puerto de Granadilla y la nueva pista del aeropuerto de Tenerife-Sur.

Gobernaba Canarias un tinerfeño, Adán Martín, que a juicio de muchos de los allí presentes no estaba precisamente colaborando mucho con la causa, aún a pesar de las estrechas relaciones que siempre tuvo (y sigue teniendo) con el núcleo duro del poder verdadero de esa isla (Pedro Luis Cobiella, Antonio Plasencia, Ignacio González, Rodolfo Núñez… y, por supuesto, don Pepito).

De ahí que los convocantes, aglutinados en torno a Ignacio González Martín y José Fernando Rodríguez de Azero, reclamaran de sus invitados una muestra de lealtad inquebrantable a aquellos principios de tinerfeñismo en forma de cuatro grandes obras públicas.

El enemigo no era allí la pérfida Gran Canaria, aunque en este tipo de asambleas siempre sobrevuele ese fantasma. El enemigo real era Ben Magec-Ecologistas en Acción, el principal colectivo ambientalista que opera en Canarias a base del esfuerzo de sus asociados y los constantes sinsabores e incomprensiones que se granjean.

A Ben Magec no se le reconoce el papel de necesario contrapeso que ha de desempeñar en una sociedad desarrollista que idolatra el ladrillo y el alquitrán un colectivo como éste. Directamente se le tacha de enemigo de Canarias y de sus ciudadanos, de instrumento al servicio de no se sabe qué inconfesable poder corrupto y mafioso que sólo pretende que nos muramos de hambre antes de que acabe la primera década de este siglo.

Pero gracias a Ben Magec y a todos los que la empujan, Canarias ha podido reconocerse depredadora y desarrollista, salvaje e inconsciente. No ha ganado ni la mitad de las batallas que ha planteado, y ni siquiera es necesario estar de acuerdo con todo lo que propone. Pero, ¿qué hubiera sido de esta tierra sin esa voz crítica, valiente y contestataria ante esos poderes?

En un lugar donde la corrupción campa a sus anchas no nos podemos permitir el lujo de que se trate de intimidar a un colectivo que ejerce sus derechos y los de los ciudadanos con la Ley en la mano y argumentando desde la seriedad y la responsabilidad. Es malo hasta para los corruptos.

19 agosto, 2009

Lola de Conspirar: el secreto está en la prensa



Ya tenemos las pruebas: las informaciones periodísticas sobre los casos de corrupción del PP contienen encriptadas las claves secretas que demuestran que el Gobierno ha creado un clan secreto y corrupto formado por policías altamente cualificados, fiscales con hambre de poder y jueces estrella para levantarle todas las alfombras al partido de Rajoy y enchironar a sus más inmaculados y selectos dirigentes.

Lo ha dicho María Dolores de Cospedal, que utiliza como nombre secreto el de Lola de Conspirar. Con ese alias, documentación falsa y disfrazada de cat woman, la Conspiral se instroduce cada noche en las alcantarillas del poder para encontrar el arca de la alianza, el que atesora las irrefutables pruebas de que el Gobierno socialista conspira contra el PP, al que tiene sometido a varias prácticas prohibidas, desde el vudú hasta las escuchas clandestinas, el seguimiento vía satélite y el más primario método de introducir en las filas enemigas un par de mataharis.

Tantas incursiones en las frías y apestosas alcantarillas, por lo general cargadas de gases tóxicos, han acabado con la cabal prudencia de Lola de Conspirar, que se ha rendido ante la dura evidencia de que los poderes mafiosos del Estado han destruido cualquier resquicio de prueba, incluidas las órdenes por escrito cursadas a los sicarios por parte del tal Fredy de Rubalcalva.

Así que, ni corta ni perezosa, Lola de Conspirar ha tirado por el camino de enmedio y ha señalado a la prensa como eficaz portadora de las pruebas que el PP necesita para demostrar sus acusaciones sobre el contubernio del que son víctimas las almas cándidas que conforman la alta dirección del partido.

Lo malo de esta historia es que Lola de Conspirar ha dicho que esas pruebas son las conversaciones telefónicas que han publicado los medios de comunicación. De momento sólo conocemos dos procedencias de esas conversaciones: las grabadas por órdenes de los jueces y las grabadas por un ex dirigente local del PP madrileño que se hartó de la corrupción de sus compañeros, grabó sus hazañas con Correa y las puso en manos de la Justicia.

Habrá que seguir bucando pruebas, Lolilla, que éstas parecen no colar.

12 agosto, 2009

Será que ellos lo hacen



Ni una sola prueba sostenible, ni un indicio que pueda conducir a una investigación medianamente seria. Con un palo y un fonil, el Partido Popular se ha presentado ante la opinión pública española denunciando que es víctima de una persecución de tal calibre que hasta se están violando los derechos fundamentales de sus dirigentes en constantes y flagrantes transgresiones de la Ley. No han presentado prueba alguna porque, por vergüenza ajena, nadie debería tener en consideración las boberías que ha soltado en Onda Cero el coordinador de Justicia de ese partido, Federico Trillo. Sí, Trillo, el que tantas cosas se inventó para tapar sus propias miserias en el caso del Yak 42.

La proclamación solemne de que el Gobierno socialista graba ilegalmente las conversaciones de los dirigentes del PP sólo podría sostenerse con pruebas y la correspondiente denuncia ante los tribunales. En ausencia de ambas cosas, sólo cabe una terrible explicación: el PP ha hecho en el pasado lo que denuncia y sabe cómo hacerlo para el futuro.

Las pocas oportunidades que ha tenido para hacerlo desde que está fuera del Gobierno las ha sabido aprovechar para demostrar que el partido del espionaje es el PP, y no cualquier otro.

Espía en Madrid, con cargo a los presupuestos públicos, y lo hace en las personas de sus propios correligionarios.

Lo hace en Canarias, donde todo un vicepresidente del Gobierno se dedica a grabar una conversación privada con un testigo de cargo para que tuerza su declaración ante la Policía y el juez.

Lo hace la ex alcaldesa de la principal ciudad de Canarias, que manda a dos propias a grabar en vídeo un almuerzo entre un gerente de una empresa pública y los representantes de una empresa privada.

Y lo hizo un concejal del PP, José Luis Peñas, que grabó multitud de conversaciones entre compañeros suyos y el jefe de la trama de Gürtel, Francisco Correa, que dieron lugar al escándalo que tiene a ese partido sumido en la más penosa desesperación.

El PP vuelve a meterse en el mismo laberinto en que se metió cuando dijo, el 11-M, que aquello fue obra de ETA. Lo mantuvo durante cuatro años. A ver cuánto les dura esta nueva batallita.