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29 julio, 2009

El increíble caso del tesorero imputadito que no dejó de ser senador



El legislador (señoras y señores diputados y senadores elegidos por el pueblo para redactar leyes y fiscalizar a los gobiernos) quiso un día que dignatarios públicos de su casta y condición no estuvieran sujetos al riesgo de cualquier denuncia de particulares por un quítame allá esas pajas. Fue entonces cuando se creó la figura del aforado, que sólo puede ser investigado y en su caso juzgado por unas Salas y unos Tribunales extraordinarios. La figura estuvo pensada para delitos cometidos en el ejercicio de sus cargos, pero la gamberrada nacional ha tomado otras derivas.

Un aforado no puede ser detenido salvo extraordinarias circunstancias, y en el caso de senadores y diputados, es preciso que el Supremo tramite ante las Cámaras un preceptivo suplicatorio por el que el Poder Judicial pide permiso al Poder Legislativo (manda Trillos) para proceder penalmente contra alguno de sus distinguidos miembros.

Luis Bárcenas es aforado, y su jefe del PP, Mariano Rajoy, supo con un día de antelación que el Supremo iba a tramitar su suplicatorio y el del diputado del mismo partido Jesús Merino. Con esa información de aforado en las manos, un privilegio más del que no gozan el resto de justiciables en España, Bárcenas aceptó dimitir como tesorero del PP, pero no como senador.

Su comunicado de dimisión es elocuente a la par que indignante. Bárcenas ha dicho públicamente que dimite “por lealtad al Partido Popular y a su presidente, Mariano Rajoy”, lo que viene a significar que su lealtad al Senado y a quienes allí le colocaron, los votantes del PP, será de aplicación en una ocasión más propicia. Seguramente cuando en España un aforado no goce de determinados privilegios y ventajas sin par ante la Justicia.

Porque privilegio es haber podido “declarar voluntariamente” y en calidad de “imputado provisional” ante el Supremo para defender lo que el señor Bárcenas llama su inocencia.

Instalado en esa imputación provisional y dimitido “transitoriamente” como tesorero del PP, los españoles quedamos a la espera de que la ocurrencia pase a ser doctrina. O que mañana por la mañana, ante una nueva variante del escándalo de Gürtell, el PP nos deleite con nuevas excusas para no remover a sus aforados cuando son investigados por delitos no cometidos precisamente en el ejercicio de su actividad parlamentaria ni ejecutiva.

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