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17 mayo, 2009

El juego al que no pensamos jugar

Nueva escaramuza del PP, a mayor gloria de su conspiración paranoica, y nuevo patinazo. El partido de Soria no quiere que se hable de la corrupción que anida de modo grave en sus filas, quizás por falta de referente ético, o porque el referente que tienen sus militantes y cargos públicos no es ni ético ni referente. Alguien un día corrió la voz de que todo valía, que había barra libre, y ahí tienen los resultados.

El intento multibanda de implicar a mi periódico en la conspiración sólo va en esa dirección: que se hable de esa cacería y no de lo que investigan los jueces, que el ruido impida escuchar nítidamente la retahíla de cargos que se les imputa en sede judicial, el sonido del dinero que algunos llevan en metálico en sus bolsillos en cantidades inusuales, las palmetadas de los abrazos indecentes con empresarios a los que admiten todo tipo de dádivas mientras les tramitan expedientes administrativos de alto valor económico.

No quieren que los ciudadanos recuerden que Jorge Rodríguez, todavía hoy dirigente del PP, cobraba importantes cantidades de dinero por ejercer de introductor de una empresa constructora -Grupo Europa- en ayuntamientos gobernados por su partido, al tiempo que ejercía de portavoz parlamentario con una alta remuneración por dedicación exclusiva. O que se sepa que se amañaban concursos para otorgar a esa empresa, a cambio de comisiones ilegales, nada menos que la construcción de viviendas sociales en esos municipios gobernados por correligionarios de José Manuel Soria.

Les irrita que se divulgue que Grupo Europa pagó un mitin de Rajoy a cambio de los favores prometidos en el Ayuntamiento de Mogán, donde gobierna el PP, o que un periodista de Canarias7 cobrara en dinero negro para publicar sentidos panegíricos de esa empresa cuando trataba de introducirse en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria.

Cuando estalló en Madrid el caso Gürtel, el PP hizo lo mismo: acusar gravemente al juez Garzón y a la Policía de ejecutar una feroz cacería contra unos altos cargos que finalmente han resultado imputados por los jueces competentes en investigar el comportamiento de aforados. Acusaron entonces al periódico El País de estar en esa pretendida componenda, y hasta formularon denuncias penales por filtraciones, aún a sabiendas de que éstas tenían una procedencia clara: los mismos denunciantes, paradójicamente, del PP.

No vamos a jugar a ese juego que ellos quieren, el de dar explicaciones de un comportamiento, el nuestro, que jamás se ha alejado de la legalidad ni de las normas deontológicas de la profesión periodística. No tenemos que revelar nuestras fuentes, ni el lugar en que nos vemos con ellas, ni las condiciones en que se producen nuestras conversaciones.

A nuestros lectores sólo les debe importar saber que no utilizamos métodos execrables, que no grabamos conversaciones sin permiso de los entrevistados; que no robamos imágenes para luego emitirlas con el marchamo de periodismo de investigación; que no entorpecemos voluntariamente investigaciones policiales y judiciales, que ninguno de nuestros periodistas cobra de tapadillo por hablar bien de alguna empresa… Y lo más importante: que todo lo que hemos publicado de Grupo Europa, del caso salmón, de Góndola, Faycán, Brisan, La Favorita, el chalet de Esquivel, Isolux… es verdad. Duela a quien duela.

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