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03 marzo, 2009

Siempre fue verdad (a modo de justificación)

Lo peor que se puede decir de un periodista es que miente. Siempre he sostenido que tenemos derecho a equivocarnos, como se equivocan médicos, jueces o sabios, pero mentir en cualquiera de sus modalidades no es aceptable en este gremio.

Cuando iniciamos en 1999 la aventura de un periódico en Internet y en Canarias, no teníamos ni la más remota idea de cómo iba a funcionar el invento. La prensa en la Red estaba en pañales y su credibilidad era igual o menor que cero. Algunos de los que integramos el equipo inicial llevábamos muchos años en el gremio, pero bastó que pusiéramos nuestras firmas bajo una cabecera electrónica para que compañeros, políticos y sesudos analistas nos dieran meses de vida y, por supuesto, descalificaran nuestro desempeño.

Nos propusimos entonces -y aún hoy mantenemos el compromiso- contar la verdad de lo que sucede en esta comunidad, tan dada al compadreo y al despiporre, lo que unido al soporte donde escribimos, nos ha granjeado muchísimos disgustos, mucha incomprensión y alguna condena judicial.

En sentido estricto, soy un delincuente: en 2005 fui condenado a una multa y a una indemnización por un delito de opinión, o más exactamente, por calumnias continuadas contra José Manuel Soria, el presidente del PP canario. Fue con motivo del pelotazo de La Favorita, la a mi juicio irregular compra de esa antigua fábrica de tabacos al empresario Santiago Santana Cazorla mediante la fórmula del pase inmobiliario, con alguna recalificación urbanística por medio.

Nunca mentí en el caso de La Favorita, pero me equivoqué en algo fundamental que me lo hizo saber en el juicio el fiscal que intervino y que pedía mi absolución: “La próxima vez vaya usted antes al juzgado de guardia”, me dijo Valentín Ruiz, “y luego publique lo que sabe”. No comparto en su totalidad el contenido del consejo, pero tratándose de lo que se trataba y de quién se trataba, era buena la recomendación.

El asunto de La Favorita, junto a otros de mucha enjundia ocurridos en Canarias esta última década, será abordado minuciosamente en este blog para que los lectores comprueben el tamaño del desafuero y lo injusto de la sentencia.

Porque en este comentario inicial sólo quería justificar de alguna manera la motivación de este blog y la razón del nombre escogido: Exceptio Veritatis. El latinajo vine a significar más o menos “excepción de verdad”, es decir, que alguien puede atribuir a otra persona un delito de calumnias, por ejemplo, y ver decaer su denuncia si se prueba que lo dicho es cierto. Yo lo probé en el caso de La Favorita, pero tanto el juez instructor como la juez que me condenó consideraron que cuando reclamaba de ellos que se investigara una cuenta en Suiza, lo que estaba achacando a Soria era un delito de cohecho.

No tengo pruebas de que así fuera, pero sí que había una cuenta en Suiza que había que investigar, y casi nadie investigó. ¿Casi? El resultado de esas pesquisas (que existieron) lo tendrán en el post correspondiente.

Pero, a lo que íbamos, lo de La Favorita era verdad, como lo es el asunto del salmón, Las Teresitas, el trapicheo con los Esquivel en el asunto eólico, el escándalo de Isolux…

De estas cosas y de lo que vaya surgiendo les iré contando con el compromiso de la verdad. Es lo único (casi nada) que les puedo garantizar desde el principio.

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