Páginas

08 marzo, 2009

Lo que indagó una fiscal suiza



La cuenta en Suiza que pedí investigar no fue una invención. Existió en aquellos momentos en que se tramitó la compra-venta de La Favorita. Su titular era, como ha quedado dicho, la empresa Calle Cervantes, S.A., formada por varias empresas del Grupo Santana Cazorla. Lo confirmó de modo taxativo una fiscal suiza que hizo unos primeros tanteos para conocer el alcance de lo que se investigaba en Canarias en relación con este asunto, pero no pudo continuar porque exigió algo que nunca se hizo desde la Justicia española.

“Suiza podría  ejecutar una [comisión] rogatoria de la Fiscalía de Canarias, levantar el secreto bancario en relación a la cuenta en cuestion y eventualmente transferir los documentos bancarios a la Fiscalía de Canarias si esa autoridad abre o tiene abierta una investigación criminal formal por corrupción activa/pasiva en conexión con los hechos mencionados y necesita los documentos bancarios suizos como prueba para la culpabilidad o para el descargo de las personas  sospechosas de corrupción”, contestó dicha fiscal a una consulta evacuada desde las islas. Pero nadie abrió diligencias por corrupción ni contra el titular de la cuenta ni contra los cargos públicos que hubieran tenido algo que ver con él por la compra-venta de La Favorita.

La fiscal insistió en varios momentos sobre el asunto, sobre todo al analizar el caso por el que se le reclamaba colaboración: “Sólo bajo circunstancias muy particulares, Suiza puede dar la asistencia y ejecutar rogatorias por delitos contra el honor y la reputación [que era el motivo por el que había causa penal abierta contra mí]. En principio, nosotros no consideramos este tipo de delitos como suficientemente serios para dar asistencia, en particular para levantar el secreto bancario. La dificuldad en el presente caso es también que la medida de levantar el secreto bancario debería tener una conexión con un delito del cual fuera sospechoso el titular de la cuenta. Esta conexión ya no es dada cuando el sospecho del delito contra el honor es el periodista mientras que éste no sea el titular de la cuenta en cuestión y no tenga ninguna conexión con esta cuenta. Del otro lado, la conexión existe claramente entre una eventual sospecha de corrupción activa (contra el empresario Santiago Santana Cazorla, el titular de la cuenta en cuestión) respectivamente contra el concejal Fernández Roca (sospecha de corrupción pasiva con dinero trasferido de la cuenta del Santana Cazorla)”.

La fiscal estaba reclamando claramente que se abriera una causa judicial por corrupción para poder levantar el secreto bancario, pero no hubo manera. El juez instructor no lo consideró oportuno y la Fiscalía no llegó a reclamar nada de manera oficial, a pesar de que el fiscal encargado del caso, Valentín Ruiz, pidió el archivo sobre mi imputación desde el primer momento y mi absolución durante el juicio. Sus superiores no le permitieron en ningún momento abrir diligencias por corrupción contra cualquiera de los cargos públicos o el empresario que aparecían claramente relacionados con La Favorita.

Y eso que mi periódico lo había puesto muy fácil, tan fácil que hasta la fiscal suiza se sorprendía de la información que manejábamos de la cuenta de Santana Cazorla: “Las informaciones proporcionados en el periódico digital mencionado por usted me parecen muy detalladas y me parecería muy importante verificar y saber de dónde vienen estas informaciones. En particular, yo no entiendo de dónde obtiene el periódico la información sobre el número de la cuenta y el hecho que en una determinada fecha tuvieran lugar movimientos si no fue el mismo titular de la cuenta quien comunicó eso, porque estas informaciones están bajo el secreto bancario y solamente están accesibles al titular de la cuenta o a una persona con plenos poderes otorgados por el titular de la cuenta”.

Nos creyeron en Suiza, aquí no.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada